Un puente de flores sin flores
Hace pocos días, nos enteramos de que la gente encargada del cuidado del puente no estaba más, desalojada por la administración municipal. Manuel Zeller Kraut.
La historia del puentecito de las flores (ubicado en calle Obispo Trejo a metros de Deán Funes, en el microcentro de la ciudad de Córdoba, y hoy en peligro de extinción) es una historia de enconos, ignorancias, envidias, disputas políticas y acciones solidarias. Efectivamente, por motivos comerciales me radiqué en ese sector céntrico hace más de 20 años y, a poco de instalarme, me llamó la atención que esa estructura construida por el arquitecto Miguel Ángel Roca durante la dictadura militar se encontrara en un estado de abandono total.Se había convertido en baño público, motel gratuito, alojamiento para marginales, reservorio de basura y ámbito propicio para la proliferación de roedores.Todas situaciones que, evidentemente, generaban el caldo de cultivo para ahuyentar a eventuales clientes, ocasionales transeúntes y contingentes turísticos. Una verdadera postal del abandono. Problemas personales. Durante tres largos años, gestioné de manera infructuosa ante las autoridades municipales de la Dirección de Desarrollo Urbano, presidida en ese entonces por el arquitecto Guillermo Irós, para que se iniciaran acciones tendientes a mejorar ese espacio. Lamentablemente, ni Irós ni mucho menos el por entonces intendente Ramón Mestre, padre del actual jefe comunal, me recibieron ni dieron cauce a mis solicitudes.Ante mi desorientación por tanta indiferencia, funcionarios de segundo nivel me confiaron que desistiera de cualquier reclamo porque "había problemas personales y políticos entre las autoridades municipales y el arquitecto Roca", por lo que la idea de mejorar el puentecito "no se realizaría nunca".Fue entonces cuando decidí realizar la obra "de prepo", con un proyecto en el que aportaron sus ideas los arquitectos "Biby" y Víctor Bentolila y participaron entrañables amigos como David Ruda, Luis Grunhaut y Luis Oliva.Justamente, con todos ellos visitamos a Mestre para donarle la obra a la ciudad y le ofrecimos que la Municipalidad ejerciera su padrinazgo. Hubo acuerdo con una familia para que se hiciese cargo del mantenimiento del puentecito, a cambio de la comercialización de flores.Así, el lugar se convirtió en un referente de los turistas (era muy común ver a los visitantes tomarse fotos entre las flores) y también de los propios cordobeses que disfrutaban de sus aromas y colores. Otra vez igual. Hoy, la realidad es distinta. Hace pocos días, nos enteramos de que la gente encargada del cuidado del puente no estaba más, desalojada por la actual administración municipal. Alertados por esta situación, los funcionarios comunales rápidamente brindaron toda clase de respuestas, tan polémicas como contradictorias entre sí: desde demoler todo el puente hasta llamar a una licitación para su mantenimiento; desde abrir un centro de información turística hasta dejarlo como está.Y ahora se encuentra, paradójicamente, como hace 20 años: cubierto de basura, con gente que duerme tanto de día como de noche y con parejitas que lo usan como alojamiento transitorio.De algo estoy seguro. Así como hace 20 años, ahora tampoco dudaré un instante en ejercer los derechos que me asisten como vecino para hacer todos los esfuerzos necesarios para que Córdoba vuelva a tener su puentecito de las flores.

