Un modelo que no se sostiene
Como el país no produce todo lo que consume, es necesario un déficit comercial para financiar el desfase. Silvina Talamoni.
La teoría económica nos dice que el crecimiento del producto interno bruto (PIB) se produce por un aumento en el consumo, la inversión, el gasto público y/o las exportaciones netas. Analicemos cómo influye la actual política económica argentina en cada una de estas variables macroeconómicas. En primera instancia, los economistas coinciden en que el crecimiento de la demanda agregada es impulsado por el aumento del gasto público, la mejora en los salarios y las tasas reales negativas, lo cual lleva a las personas a consumir más y ahorrar menos.Los responsables de la política económica sostienen con orgullo que el motor del crecimiento es el consumo, olvidándose de que la clave del crecimiento en el largo plazo está en la inversión, financiada con el ahorro. El ritmo de crecimiento de los depósitos es bueno, pero el incremento de los préstamos sigue siendo menor y, fundamentalmente, constituyen créditos al consumo.Como el país no produce todo lo que consume, es necesario un déficit comercial para financiar el desfase. Recientemente, la balanza comercial se ha deteriorado, como consecuencia de la crisis energética y los problemas con Brasil. Aun así, existe un superávit comercial, producto de un tipo de cambio fijo y elevado, pero no es acompañado por un aumento en la competitividad. De esta manera, las perspectivas son buenas sólo en el corto plazo, en la medida en que se mantengan altos los precios internacionales de las materias primas y crezca la economía mundial. Vivimos una situación similar a la de la convertibilidad, porque se ha creado una situación "artificial" en el mercado de divisas. La intervención del Banco Central provoca una política monetaria expansiva, que busca dejar una imagen de gran crecimiento en el presente mandato. No hay dudas de que esta inyección de liquidez en el sistema genera un aumento en el nivel general de precios. El incremento en los costos de producción, debido a la inflación y a tasas activas crecientes, desde luego no constituye un incentivo a la inversión en ningún país del mundo.Si bien el Estado mejoró la recaudación tributaria, sostenida básicamente por las retenciones a las exportaciones, los mayores ingresos no necesariamente se traducen en mayor solvencia fiscal, conforme el ritmo al que evoluciona el gasto público, en especial en un año electoral y con un gobierno presionado por los sindicatos para aumentar los salarios de modo permanente.Así, me pregunto si los superávits (externo y fiscal) que sostienen el modelo económico actual son realmente genuinos y, por lo tanto, suficientes para generar un crecimiento sostenido. Hoy, la inseguridad institucional y la falta de confianza en la Argentina generan fugas de capitales y fugas de cerebros, lo cual incrementa el riesgo país, se restringen las inversiones y, por lo tanto, la tasa de crecimiento de la economía. Es necesario eliminar las medidas económicas que desfavorecen una mayor producción, como los controles de precios y las restricciones a las exportaciones. Por el contrario, debemos promover la industria a través de programas de incentivo fiscal, el fomento a la ciencia y tecnología y el financiamiento a las Pyme, entre otras medidas. En resumen, importa aprovechar la liquidez actual para generar y exportar valor agregado, transformándonos en un país industrializado. Vuelvo a sostener que la única variable macro que puede fomentar un crecimiento sustentable es la inversión. Y me refiero a una inversión en sentido "amplio": ello incluye el capital físico, los conocimientos tecnológicos, la productividad y el capital humano.

