Un gran país que vota
Sería un grave error creer que es un país homogéneo, sin fisuras, que actúa como una máquina automática o manejada por control remoto. Julio César Moreno.
Ya pasaron las elecciones presidenciales en México y en Venezuela y ahora se vienen las de Estados Unidos, sin dudas las más importantes, por tratarse de la primera potencia mundial, la que tiene mayor poderío económico y militar y que está en condiciones de establecer las reglas de juego de la política internacional. Sin embargo, sería un grave error creer que es un país totalmente homogéneo, sin fisuras, que actúa como una máquina automática o manejada por control remoto.Estados Unidos es un país muy pluralista, muy diverso, muy abierto a los debates sobre los más variados temas, con una sociedad civil que tiene una gran autonomía respecto del Estado.Decir que la sociedad norteamericana reverencia la Estatua de la Libertad y sigue las enseñanzas de los padres fundadores no es para los norteamericanos recitar una simple lección escolar, ya que se trata de valores incorporados a una tradición.Decir "soy ciudadano norteamericano y amo este país" –una frase que aparece con frecuencia en viejas películas y novelas–, forma parte de la visión de la sociedad. Que no es una visión ingenua, ya que la sociedad norteamericana es esencialmente contradictoria.Existe el "ciudadano norteamericano", pero también el imperialismo norteamericano, que surca los mares o se desplaza por los aires con sus naves y aviones de guerra, que bombardea poblaciones y toma prisioneros.Estados Unidos libró la larga Guerra del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial y comandó el Desembarco en Normandía, una de las hazañas más importantes de la historia militar de todos los tiempos.Y después vino Vietnam y la invasión a Irak, por nombrar sólo los sucesos bélicos más sangrientos y significativos. En debate. En Estados Unidos todo se discute y se debate, máxime en una campaña presidencial, como la que se está desarrollando en este momento, en la que se enfrenta el presidente Barack Obama contra el candidato republicano Mitt Romney. Son, por otra parte, campañas muy largas. Comienzan cada cuatro años –que es lo que dura un mandato presidencial– en febrero, con los primeros caucus , pequeñas reuniones de ciudadanos en escuelas e iglesias, donde se debate y se vota por candidatos. Siguen las primarias, que se extienden siete meses, y se realizan después las convenciones partidarias, donde se eligen las fórmulas de candidatos.Como último acto, hay tres debates entre los candidatos a presidente, que se hacen por lo general en anfiteatros universitarios alejados de las grandes ciudades. Y después, el primer martes de noviembre, se vota en todo el país: es el día de las elecciones.Este cronograma se viene cumpliendo desde hace varias décadas, lo que habla bien a las claras de la estabilidad y continuidad institucional en el primer país del mundo.Este culto a la ley y a la estabilidad institucional constituye, por cierto, una de las razones del progreso estadounidense.Estados Unidos es un país, como todos, con muchas virtudes y defectos, pero si hay algo que reconocerle es su culto a ese respeto por la ley y las instituciones.Dentro de unos días, el primer martes de noviembre –que este año será el 6– el pueblo norteamericano elegirá un nuevo presidente, un acontecimiento que interesa a todos por sus proyecciones y su incidencia en el futuro del mundo.

