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Un emprendimiento demagógico

Además de haber perdido patrimonio histórico, existen otras prioridades en materia de salud, educación, seguridad, agua potable, residuos, desagües, etcétera. Carlos A. Ochova.

24 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Carlos A. Ochova (Ingeniero)
Un emprendimiento demagógico

La construcción del promocionado subterráneo para la ciudad de Córdoba, a pesar de ser una obra interesante, no tiene otro sentido que un emprendimiento demagógico, al igual que otras obras inoportunas que tendremos que pagar con nuestros devaluados recursos de ciudadanos. Además de haber perdido patrimonio histórico, existen otras prioridades en materia de salud, educación, seguridad, agua potable, residuos, desagües, etcétera. A varios cientos de años después de su fundación por don Jerónimo Luis de Cabrera, a alguien se le ocurre atravesar la ciudad con una fenomenal excavación sin saber con qué nos vamos a encontrar y dónde vamos a arrojar las miles de toneladas de tierra que extraeremos. Ni siquiera conocemos exactamente la distribución de las cañerías de gas, agua, electricidad, cloacas, que proveen elementales medios de comfort o supervivencia, o si nos encontraremos con ruinas jesuíticas, como ya ocurrió cuando se trabajó en otras áreas. La ciudad, que no soporta un mínimo cambio de circulación de vehículos, será sometida a un caos fenomenal durante un largo tiempo, con un proyecto "en pañales", cuyo costo lo tendremos que pagar nuevamente entre todos. Sus consecuencias las deberá asumir el futuro Gobierno. Buen administrador. Si alguien quiere que se lo recuerde como un buen administrador, debería tratar de poner en marcha obras más prioritarias o factibles con menor riesgo, como, por caso, el ferrourbano, para mejorar el transporte de una manera simple; construir diques o represas que contengan el agua de lluvia que inunda nuestra ciudad, pueblos y sembradíos; diseñar y construir una red de canales de riego, que sirva a toda la provincia; solucionar el gran tema del tratamiento de los residuos, la seguridad ciudadana o cosas no menos importantes como el alumbrado público. Además, debería tratar de solucionar el problema de la distribución de energía eléctrica para evitar que sigan muriendo personas; sistematizar los medios de transporte público y privado; descentralizar y desconcentrar nuestra ciudad para asegurar que un ejido urbano de más de 500 kilómetros de superficie sea manejable; llegar con desarrollo social y educación a la periferia y atender a los desprotegidos. Hay muchas cosas por hacer antes que hipotecar nuestro país con mayor deuda, por fines políticos personales. El tema merece mayor debate público.