Un aporte al modelo, desde la clase media
Basta plantearse como hipótesis que el Gobierno no consiga la re-reelección para imaginar lo que serán los últimos dos años de la gestión de Cristina. Carlos Sacchetto.
La severidad con que la presidenta Cristina Fernández ha ordenado aplicar las restricciones a la compraventa y uso de dólares ha comenzado a tener un fuerte impacto negativo para el Gobierno nacional en sectores cada vez más amplios de la clase media. Como el dato surge de las mismas encuestas que se encargan desde la Casa Rosada, es obvio que la jefa del Estado no desconoce lo que está sucediendo. En consecuencia, se puede dar por sentado que hay una decisión política de asumir el costo que tiene perder esas adhesiones.Quien posee con su trabajo aunque sea una mínima capacidad de ahorro mensual y que antes del corralito cambiario compraba algunos dólares para disfrutar de un viaje o de vacaciones de verano en Chile, Uruguay o Brasil, ya no puede hacerlo.Además, la última disposición de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), que aplica un recargo del 15 por ciento a los gastos en el exterior con tarjetas de crédito, encareció el procedimiento y agregó una nueva "chicana" al libre uso de los pequeños ahorros personales. Es obvio que los sectores más adinerados tienen como siempre más facilidad para afrontar el problema. Con eso, no. La mayoría de los sociólogos sostienen que, más allá de las cercanías ideológicas, políticas o emocionales, para la gente "la víscera más sensible sigue siendo el bolsillo". Lo mismo solía decir el general Juan Perón para graficar lo que significa la marcha de las economías personales o familiares en la decisión de adherir o no a un gobierno. Con la insistencia del discurso kirchnerista en marcar que sus acciones están siempre dirigidas a los que menos tienen, y con este recorte a los sectores medios, ¿se apunta a consolidar la idea de que los principales destinatarios de los beneficios del modelo son los pobres? "Hoy es un riesgo afirmar eso", responde un encuestador y analista de opinión pública, que pide la reserva de su nombre porque es uno de los más consultados por el Gobierno y no quiere perder esa condición. "Es un riesgo, primero, porque el cotejo con la realidad después de casi 10 años de hegemonía kirchnerista no demuestra en forma contundente que la prioridad hayan sido los pobres. Y segundo, porque en términos electorales, mirando a las legislativas del año próximo y a una eventual reforma de la Constitución, no es negocio marginar a parte de la clase media", agrega.Si se toman al pie de la letra esas apreciaciones y se evalúan de modo acabado los números de las últimas encuestas, el Gobierno estaría frente a una virtual encrucijada. Para darle continuidad al proyecto, por ahora Cristina es imprescindible y, por lo tanto, la única salida para el kirchnerismo es la re-reelección.Pero aun dentro del dramatismo que plantea esa circunstancia, no son pocos los funcionarios cercanos a la Presidenta que creen que si ella no consigue un piso del 40 por ciento de los votos en la elección legislativa, no dará luz verde al intento reformista.Basta plantearse como hipótesis que el Gobierno no consiga la re-reelección, para imaginar lo que serán los últimos dos años de la gestión de Cristina. Las luchas internas por la sucesión, la puja ideológica y la necesidad de muchos funcionarios de garantizarse alguna inmunidad judicial, conformarían un horizonte inquietante para el país. La ventaja del kirchnerismo en ese escenario es que la oposición está atomizada y tampoco de allí emerge un líder capaz de acumular voluntades. Indigestión. Las restricciones económicas que impiden mantener el valor de los ahorros –las tasas de plazo fijo rondan el 14 por ciento, mientras la inflación anual no baja del 25– no son el único sapo que deben tragarse los sectores medios que adhieren al Gobierno. La protección parlamentaria, política y legal otorgada a Amado Boudou también se extiende fuera de los límites de la aceptación pasiva de muchos simpatizantes del modelo. Luego de la expropiación de la imprenta ex Ciccone, Boudou ha puesto en marcha un operativo para recuperar presencia política.En los últimos días, se ha visto al vicepresidente en lugares públicos y frente a cámaras de televisión bailando y cantando como si estuviera de festejo. "Celebra la recuperación de la soberanía monetaria", dicen con sorna desde otros sectores del Gobierno.Pero lo cierto es que desde la Justicia no llegan buenas noticias para él. Las pruebas acumuladas en la causa en la que está sospechado de actos de corrupción no le dejan margen a su favor y el desgaste político de su figura parece irreversible.

