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Últimas noticias de otra guerra más

Mientras se sembraba la muerte en Irak, los banqueros y los más voraces “activistas” financieros sembraban, puertas adentro, una de las peores crisis sociales norteamericanas. Alejandro Mareco.

22 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Últimas noticias de otra guerra más

Todas las generaciones han tenido al menos noticias de la guerra, si es que no la han vivido. El gran pensador español Miguel de Unamuno, en 1905, se quejaba de que la velocidad informativa del telégrafo, que bombardeaba con breves telegramas que daban cuenta diaria de la guerra ruso-japonesa, hacía que tanta fragmentación de la realidad le resultara inconveniente para acercarse a un concepto más global de lo que estaba sucediendo.

Aquella guerra fue quizá el punto inicial de encuentro entre la mayor de las tragedias humanas y la capacidad de informar con velocidad: los diarios publicaban una tras otras las esquelas que habían llegado durante el día. Es posible que, como decía Unamuno, en el detalle de la acción se tornen imprecisos el sentido, las razones, la trama de los intereses y de las intenciones, ésa que puede desatar los mejores o peores actos del hombre.

Suele pasar con la embriaguez de información: el fondo se vuelve oscuro. O es como decía el checo Milan Kundera, en el sentido de que vivir tan apegado a las noticias del presente nos hace olvidar el después.

Ahora, uno de esos después tan esperado ha llegado por fin. Casi siete años y medio luego de haber entrado con toda su furia, Estados Unidos acaba de anunciar el cese de sus operaciones militares en Irak.

En todo este tiempo, hemos visto fotos de un drama sin fondo, en el que la condición humana otra vez ha descendido al Averno del Dante sin salirse de la superficie; ha sido avasallada, pisoteada, humillada, desgarrada en cuerpo y alma por otros humanos.

Las fotos han mostrado más: torturas, ataques impiadosos, atentados incruentos. Y más muertos, más muertos, más... Las estadísticas dicen que 4.400 soldados norteamericanos murieron (entre los que había tantos latinos reclutados para hacer del mérito de pertenecer casi una extorsión), mientras que de los iraquíes se supone que son decenas de miles; tal vez cien mil, tal vez más... ¿quién se va a poner a contar cadáveres iraquíes? (la ironía de esta pregunta no es sólo ironía: sólo los iraquíes podrían hacerlo).

El ataque a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001 y sus derrumbes fue la estremecedora imagen del comienzo del nuevo siglo. El argumento para la invasión cayó solo: además de proteger a terroristas, Irak tenía armas de destrucción masiva. Que el argumento fuera falso, no importó: se sembró la destrucción en uno de los escenarios fundacionales de la cultura de la humanidad y se ahorcó al ex aliado Saddam Hussein para hacer tronar el escarmiento.

Pero no es tan sencillo. Por un lado, los pueblos resisten y, por otro, ya no basta con ser el gran pueblo guerrero. Mientras se sembraba la muerte en Irak, los banqueros y los más voraces “activistas” financieros sembraban, puertas adentro, una de las peores crisis sociales norteamericanas, de la que, por supuesto, no estuvo a salvo el mundo.