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Tiempos interesantes

Estamos vivos y éste es nuestro tiempo. Y mientras vivimos nos vamos acomodando a las circunstancias de la historia, y hasta es posible que algunos intentemos acomodar nuestras circunstancias a las de la historia. Alejandro Mareco.

06 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Tiempos interesantes

“Ojalá vivas tiempos interesantes”. La tan mentada maldición china, se sabe, quiere decir que es mejor la vida en tiempos anodinos, en los que sólo se trata de vivir mientras la magia fluye en el cuerpo. Los otros tiempos, los interesantes, son aquellos en los que las sociedades (una o todas) se sacuden, acaso se agitan y se retuercen en algunos casos, y en los que tantas veces se devora a la gente, no sólo en su tránsito, aunque también, más allá de las generaciones. Las generaciones no tienen para sí sino más que el presente, como actores y testigos. Es como diría el gran Joan Manuel Serrat: “No hay otro tiempo que el que nos ha ‘tocao’”. Entonces, ¿quién nos ha invitado a este tiempo? Nadie. Nadie nos invita a soñar o a rezongar cuánto valemos, o cuánto podemos. Nuestro tiempo. Estamos vivos y éste es nuestro tiempo. Es fácil verlo a la luz del día puesto que en esta América latina (o Sudamérica, para uno mejor, sudamericano, en todos los casos) cabemos todos los que hemos asumido al siglo 21 como la aurora de nuestro tiempo, como la reunión que esperamos durante 200 años y que significa verse las caras al rigor de la historia. Somos hijos del tiempo, y en nuestros cuadernos (es simple, ¿dónde vamos a anotar lo que vivimos?) diremos que hubo un tiempo en que soñamos y todo lo que fue afuera del sueño siempre fue algo demasiado azaroso que cargar (¿te acordás Tati, Pico?). Pero si nos pasamos la vida soñando, no podemos dejar de disfrutar del esplendor de los pétalos cuando la flor se abre. La primavera es hoy, con toda su sabiduría, pese a los “zocaleros” a los que siempre les gusta vernos sudar. Estamos vivos y éste es nuestro tiempo. Y mientras vivimos nos vamos acomodando a las circunstancias de la historia, y hasta es posible que algunos intentemos acomodar nuestras circunstancias a las de la historia. Dos mujeres. Murió Néstor Kirchner, y hay una mujer, su esposa Cristina Fernández, que le pone la cara a la historia argentina. Mientras tanto, Dilma Rousseff, hace de Brasil un poco más de nuestro corazón tan sensibilizado por Lula. ¡A la flauta!, los dos países más potentes de Sudamérica están gobernados por mujeres. Y al parecer se entienden, porque las dos dicen “todos y todas”, revindicando una cuestión de género. Si vamos a andar un nuevo sueño sudamericano en estos albores (y también albures) del nuevo siglo, celebremos a las mujeres al frente de esta historia. Quizá ellas sean todavía más audaces para soñar, para parir tiempos mucho más interesantes.