Tiempo de despedida
No hay razones objetivas para pensar que la astringencia financiera a la que la Nación somete a Córdoba vaya a disminuir, al menos no en momentos en que el Gobierno se esmera por recuperar caja con la quita de subsidios que, por supuesto, dibuja como si fuera parte de su modelo redistributivo. Julio Perotti.
Cae la tarde del viernes en Córdoba. Para Juan Schiaretti, está a punto de arrancar la última semana como gobernador. Manos en el bolsillo, mira por el ventanal de su espacioso despacho en el Centro Cívico.Abajo, los obreros trajinan apurados para completar parte de los trabajos de la nueva sede gubernamental.Cuando hay plata y hay proyecto, no hay razón para no hacer o demorar la obra pública, les dice a sus visitantes, como para atajar algún cuestionamiento velado a la maratón de inauguraciones que protagoniza en los días postreros de su administración.Schiaretti lamenta una y otra vez que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner le haya retaceado a Córdoba los fondos que le corresponderían de manera proporcional por los recursos que la Nación obtiene de la producción primaria cordobesa, retenciones mediante."Ella me dijo tres veces: 'Gringo, te mando la plata'". Relata sin terminar el concepto, a sabiendas de que sus interlocutores son buenos entendedores: los recursos para enjugar el déficit de la Caja de Jubilaciones, como estaba firmado, nunca jamás fueron depositados.Por eso, el año cierra con 1.307 millones de pesos en contra, que llegarían a 1.700 millones si se incluyesen promesas no cumplidas de obras públicas. Ese fue el problema central en esta última etapa de Schiaretti; esa será la cuestión principal con la que tendrá que lidiar José Manuel de la Sota apenas se convierta, el próximo sábado, en gobernador por tercera vez en su vida. Con "Él" era distinto. Los dos tienen claro algo: no fueron ni serán santos de la devoción del kirchnerismo. Tal vez en la época de Néstor Kirchner les resultaba más fácil el entendimiento; después de todo, él era como ellos: peronista y, como tal, pragmático. La llegada de Cristina a la Casa Rosada y su decisión de ignorar al justicialismo como eje de poder los privó de un canal de comunicación despojado de ideologías forzadas y más cercanas a la praxis heredada del General. Córdoba quedó definitivamente fuera del "dineroducto" con el que el poder kirchnerista domestica al interior. ¿Por qué? Conviene pedir una lectura en lo más alto del peronismo de esta provincia: "Cuando Cristina se dio cuenta de que eso no impactaba en las encuestas, porque los cordobeses no se lo facturaban, dejó de mandar el dinero para la Caja; así de sencillo", resume un calificado dirigente.Hay más: en el nuevo Centro Cívico aseguran que la plata de la refacción del Estadio Mario Alberto Kempes para que estuviese listo para la Copa América fue puesta "centavo sobre centavo" por la Provincia, cuando en otros puntos del país las canchas fueron construidas con fondos nacionales. "Vayan a ver cuánta plata puso (el gobernador de San Juan, José Luis) Gioja para hacer su estadio", sostuvo la misma fuente.Tampoco la Nación construyó en Córdoba viviendas como las que Alicia Kirchner, cuñada presidencial y ministra, inauguró en otros puntos del país.En definitiva: el peronismo cordobés nunca se llevó bien con los Kirchner, al menos no en la proporción de promesas y dinero que desparramaron por el interior de la provincia.Claro que a Cristina eso no le impidió ganar también en Córdoba, aunque por márgenes más exiguos que en otros puntos del país. Nunca menos, ni más. No hay razones objetivas para pensar que hoy la astringencia financiera vaya a disminuir, al menos no en momentos en que el Gobierno se esmera por recuperar caja con la quita de subsidios que, por supuesto, dibuja como si fuera parte de su modelo redistributivo. Algunos especialistas sostienen que la eliminación de estos subsidios va a provocar una caída del consumo (más plata para servicios, menos para gastos) y, por ende, un enfriamiento de la economía, con impacto en la inflación.Ya se sabe: cuando hay inflación, sufren las arcas del Estado porque el pago de impuestos se reduce.En otras palabras: la voluntad de cumplir los compromisos cada vez depende menos del humor de Cristina Fernández y más de la fría realidad de los números.Con esto va a tener que lidiar De la Sota en la etapa inaugural de su gestión, aunque Schiaretti asegura que en la caja fuerte hay suficientes billetes como para no transpirar la gota gorda por un tiempo. Si Cristina Fernández no parece tener al frente una oposición capaz de enfrentar sus decisiones en el Congreso, también está desdibujada la que convivirá con De la Sota en Córdoba. Los radicales podrán poner sus expectativas sobre la gestión que encarará Ramón Javier Mestre en la Municipalidad de Córdoba, pero deberán saber que si hay alguien interesado en que al joven intendente le vaya bien, es a De la Sota."Todo el peronismo va a tener que bailar al ritmo de la relación entre el gobernador y el intendente", sostiene otro dirigente de peso.Después de todo, es de conveniencia mutua resucitar el bipartidismo, por el cual justicialistas y radicales repartieron el poder durante años, hasta que irrumpió en escena Luis Juez, devaluado hoy por la derrota electoral.Si es que los que juran el sábado próximo están bajo un estado de gracia, es probable que febrero sea un punto de quiebre. Entonces, se habrán acabado las vacaciones, llegarán los cedulones (quizá con aumento), los servicios (ya sin subsidios) y el inicio de las clases pegarán fuerte en los bolsillos.Claramente, el destino de los que gobernarán dependerá de la economía (local y global) y no de la política. Será, conviene insistir, la realidad la que marque los límites de las aspiraciones.Por ahora, es tiempo de despedidas. Y de bienvenidas.

