Sueldos altos, baja productividad
El actual nivel de los salarios de la Municipalidad de Córdoba la convierte en uno de los mejores empleadores en la provincia, sin que nadie se anime a hablar en serio de eficiencia.
Todos los meses, el prolijo detalle sobre la gestión de los recursos humanos de la Municipalidad de Córdoba –llamado Informe Estadístico Mensual de Personal y Sueldos– no deja de asombrar. Ya sea por el número de incorporaciones, por las demandas planteadas, por agentes sumados durante la gestión de Daniel Giacomino o por el costo salarial.
En febrero último, por caso, se gastó casi 35 por ciento más en sostener un plantel de empleados que, entre efectivos, transitorios, contratados y monotributistas, ronda los 11 mil. El monto por todos los conceptos salariales rondó los 200 millones de pesos, 34,7 por ciento más que un año atrás. Esa cantidad incluyó el último acuerdo salarial sellado entre el intendente Ramón Javier Mestre y el gremio municipal (Suoem).
En los próximos días, debe constituirse la mesa formal de negociaciones para discutir el aumento de sueldos que regirá desde abril próximo, aunque es posible que el monto se defina en una negociación personal entre Mestre y Rubén Daniele, el poderoso jefe de los municipales.
El costo salarial por empleado (sumados los haberes, las contribuciones y los sueldos del personal en actividad, funcionarios y pasivizados) alcanzó a 16.830 pesos. Por supuesto que no todos cobran ese monto; hay quienes están muy por encima y otros, muy por debajo.
Pero lo que nadie se anima a plantear con todas las letras es la eficiencia y productividad de cada puesto de trabajo como para justificar ese nivel de salarios en una economía estancada, ni tampoco para convertirse en un argumento de peso en las futuras discusiones.
Las condiciones de economista que luce Daniele para hablar de ingresos y la necesaria participación que deben tener los trabajadores por lograr ese nivel de recursos no aparecen al momento de sentarse a discutir cuál es el nivel de productividad de cada puesto ni tampoco para hablar de la eficiencia en las tareas que cumplen los “ciudadanos” del Palacio 6 de Julio.
La ciudad apenas muestra una cara aceptable en relación con el calamitoso estado en que quedó tras las gestiones anteriores. Un muestrario simple: la mayoría de los semáforos no funciona o no está coordinado en relación con el de la próxima esquina; tres días de llovizna leve sirven para mostrar el estado calamitoso de las calles; los inspectores no aparecen a las horas pico ni en los cotidianos embotellamientos que se producen en los grandes cruces de la ciudad.
En definitiva, una larga lista de asignaturas pendientes del municipio, que sólo logra una nota apenas aceptable en cuanto al servicio de recolección de la basura (dado en concesión) o en los dispensarios y hospitales municipales.
Una ciudad ahogada por la carga tributaria, que es más alta que a nivel provincial, merece mejores servicios por parte de sus muy bien pagados empleados municipales.

