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Somos hijos de la resaca

¿Los españoles que atravesaron nuestra inmensidad americana a paso de conquistadores y fundaron las ciudades que hoy habitamos y trajeron las palabras que usamos, fueron prohombres de gran educación y relieve social que eligieron dejar sus privilegios para venir a sudar incertidumbre en los trópicos y en el último sur?

06 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Somos hijos de la resaca

¿ Acaso los acompañantes de Cristóbal Colón en la azarosa aventura de las carabelas hacia el fin de los mares eran todos orgullosos marineros que renunciaron a sus respetables puestos en la sociedad tentados por ser parte de una página de la historia? ¿Los españoles que atravesaron nuestra inmensidad americana a paso de conquistadores y fundaron las ciudades que hoy habitamos y trajeron las palabras que usamos, fueron prohombres de gran educación y relieve social que eligieron dejar sus privilegios para venir a sudar incertidumbre en los trópicos y en el último sur? Los inmigrantes que llegaron montados en grandes olas de Italia y de tantos otros países europeos y asiáticos a finales del siglo 19 y hasta la primera mitad del siglo 20, ¿eran profesionales formados en centenarias universidades, obreros altamente calificados de la era industrial aún incipiente, campesinos con generaciones de sabiduría agraria? Todos somos hijos de la resaca. Y no sólo hablamos del pueblo, del vulgo, de los que forman parte de las legiones de desposeídos que buscan un lugar bajo el sol, que el fruto de su trabajo cotidiano les dé la oportunidad de vivir sin la angustia de la necesidad, sin agonizar frente a las mesas, de criar a sus hijos con esperanza de que habrá una generación mejor. También son hijos de la resaca las familias con apellido español que remontan su abolengo hasta la época de la colonia. Lo son aquellos de identidad con acento italiano que desde la mitad del siglo pasado se hicieron la América y se convirtieron en los nombres de la burguesía argentina, en adinerados empresarios que ajustan el pulso de la economía nacional. Fueron los expulsados por el hambre, las guerras, la ignorancia, y que un par de generaciones después ofrendaron al país hijos presidentes, gobernadores con esa sonoridad en el apellido. Incluidos senadores nacionales como Miguel Ángel Pichetto (presidente del bloque del FPV), que sacudió nuestra consistencia con declaraciones en las que cargó contra los inmigrantes bolivianos, peruanos y paraguayos. “El problema es que siempre funcionamos como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo de Perú (...) La Argentina incorpora toda esta resaca”, dijo, entre otras cosas. El asunto es que no está sólo con esa manera de mirar, en un mundo en el que los poderosos alientan que las mercancías circulen sin fronteras, pero quiere que los pobres se queden donde están. Todos somos hijos de la resaca, y también de la generosidad de esta patria americana y de su destino luminoso.