Siria-Turquía, la riesgosa vecindad
La convocatoria a la Otan, a raíz de la extensión del conflicto sirio hacia Turquía, podría impulsar la intervención del ejército estadounidense. Nelson Specchia.
El conflicto de la República Árabe Siria, entre el régimen autocrático de la familia Al Assad y los insurgentes, alcanza ya el rango de guerra civil, con violaciones masivas a los derechos humanos por parte de ambos bandos. A partir de esta semana, además, el intento por extender el conflicto hacia los vecinos aumenta el riesgo de que se quiebre el frágil equilibrio del borde oriental del Mediterráneo. La cuenta del carnicero. La gravedad de los enfrentamientos, que mantienen una línea ascendente desde marzo del año pasado, alcanza ya dimensiones de catástrofe humanitaria. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), organización no gubernamental con sede en Londres, apunta en su último estudio que la guerra civil va costando 29 mil muertes, de ambos frentes. 20.755 civiles y 7.095 soldados y combatientes insurgentes, a los que agrega 1.148 desertores.Como es habitual, pese al intento de exactitud estadística, es probable que los daños entre la población civil sean aún mayores.Las Naciones Unidas, que hasta el momento no han logrado ningún avance en sus gestiones por la paz, acusan ahora a los dos bandos de crímenes de guerra, torturas y ejecuciones extrajudiciales.En la asimetría del conflicto –entre las fuerzas armadas, cuya alta oficialidad sigue respondiendo al presidente Bashar al Assad, y la multiplicidad de células de combatientes que se agrupan bajo la denominación de Ejército Libre de Siria (ELS)– han terminado por implantar la Ley del Talión, según el relator brasileño Paulo Sergio Pinheiro, enviado por la ONU a Siria.Su investigación acusa a regulares e insurgentes de violaciones flagrantes contra la población civil, especialmente después de la batalla de Alepo.El informe de Pinheiro será tratado por el Consejo de Seguridad, quien deberá girarlo luego a la Corte Penal Internacional para iniciar el proceso judicial por crímenes de guerra. La puerta del vecino. La estrategia del gobierno de Damasco fue variando con los meses. De un desprecio inicial a las huelgas y las manifestaciones se pasó a una escalada represiva, que en sí misma actuó como revulsivo e intensificó la movilización de los colectivos sunitas contra el régimen, dominado éste por la elite alauita (una minoría, a su vez, de los chiítas sirios). En un segundo momento, el apoyo abierto de Rusia y de China en los foros multilaterales, les dio el espacio político que los Al Assad necesitaban para plantear un enfrentamiento abierto y con armas pesadas a los sectores y las ciudades rebeldes.Por su parte, los guerrilleros del ELS comenzaron a recibir el apoyo logístico –y posiblemente también de armas y municiones– de adversarios tradicionales de los Assad en la región, como Qatar y Arabia Saudita.La confluencia de ambas acciones terminó por expandir el conflicto a la totalidad del territorio sirio, pero sin que ninguno de los dos bandos tuviera asegurada la posibilidad de una victoria sobre el otro en el corto plazo.La internacionalización del conflicto sirio ya es evidente. Por caso, acaba de ocupar una buena parte de la agenda de la cumbre de América del Sur y los Países Árabes (Aspa), en Lima esta semana.Pero con los dos frentes empantanados en una paridad de fuerzas, el régimen de Damasco parece haber optado por una escalada regional.Si bien el paraguas ruso y chino sigue operando en los organismos multilaterales, la antipatía de los vecinos hacia los Assad –con las solitarias excepciones del Irán de Mahmud Ahmadinejad y del Hizbollah libanés– podría revertirse si hay una intervención directa de tropas occidentales.Siria quiere meter a Turquía en el conflicto. Esa intención estratégica explica los ataques que han traspasado la frontera: Turquía es un miembro pleno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), la confluencia de los ejércitos europeos con los Marines estadounidenses; y la Carta Atlántica establece, en su artículo 5°, que un ataque contra cualquier aliado será considerado un ataque contra todos y que cada uno de ellos deberá salir en defensa del agredido.El miércoles de esta semana, el ejército de Ankara bombardeó territorio sirio como represalia por la muerte de cinco civiles turcos.El gobierno del primer ministro Recep Tayyip Erdogan convocó de inmediato a la Otan, mientras desplegaba tanques y fuerzas especiales en la región fronteriza de Akcakale, la población que fue alcanzada por proyectiles sirios.Erdogan se encuentra también él en una encrucijada. El gobierno de Ankara fue en el pasado uno de los aliados más sólidos que tuvieron los Al Assad en la región.Pero, por otra parte, Erdogan y el presidente turco, Abdullah Gul, representan a los sectores islamistas moderados, mientras que cada vez más voces adjudican una interpretación islámica extrema, yihadista y salafista, a los rebeldes sirios.El ex secretario General de la Otan, y durante muchos años responsable de la política exterior de la Unión Europea, Javier Solana, publicó ayer en su cuenta de Twitter (?@javiersolana) que Turquía no quiere ser empujada a una conflagración ni tiene interés estratégico en hacerlo.La convocatoria a la Alianza Atlántica sería, así, sólo un elemento de disuasión.Ojalá que en Washington piensen lo mismo.* Politólogo, profesor de Política Internacional (UCC y UTN Córdoba)

