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San Martín y Bolívar, políticos sudamericanos

No se puede ser grande impunemente, decía Simón Bolívar. Enzo Regali .

21 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Enzo Regali (Licenciado en Historia)
San Martín y Bolívar,  políticos sudamericanos

"El único amigo que parece tiene usted en el otro lado es (Juan Bautista) Bustos, el cual defiende a usted a capa y espada, con la mira (según dice) de que nombren a usted director por las provincias federadas y quedar él de delegado". Así, en forma "descarnada", describía Juan García del Río el 21 de marzo de 1822, desde Chile, la situación que se vivía y lo que se pensaba de José de San Martín en ese país y en las Provincias Unidas del Río de la Plata. No se puede ser grande impunemente, decía Simón Bolívar.

Monarquismo. En ese período, San Martín estaba convencido de que la mejor forma de Gobierno para evitar las guerras civiles, garantizar la unión nacional de los países de Sudamérica y alejar los peligros de la disolución era la monarquía constitucional. Nombrado Protector del Perú -cargo que ejerció con "un tono monárquico y americanista", de acuerdo con el relato de Patricia Pasquali en el libro San Martín - se ilusionó vanamente con conseguir un príncipe europeo. Con ese cometido, envió a Europa a sus dos amigos García del Río y Diego Paroissien, quienes al llegar a Chile escribieron la carta mencionada. Las instrucciones a los diplomáticos fueron cifradas -es decir, secretas- y se les ordenaba buscar un príncipe inglés; en segundo lugar, a uno de Rusia o Austria y, de no ser posible, alguno de Francia o Portugal e, incluso, a Carlos Luis de Borbón, príncipe de Luca, aquél que también interesaba a Juan Martín de Pueyrredón y al ex Congreso de Tucumán, ya instalado en Buenos Aires, según José Pacífico Otero, en su Historia del Libertador don José de San Martín . La única condición era que aceptaran el catolicismo como religión del Estado.

El monarquismo sanmartiniano fue olvidado por parte de los historiadores de sesgo liberal y el revisionismo tradicional le restó importancia a ese intento de coronar un vástago europeo. Bartolomé Mitre no se "extiende" en el tema y lo censura de acuerdo a sus ideas. El segundo sector carga las tintas en el Directorio, el Congreso y la Constitución de 1819, pero lo cierto es que esos errados planes europeístas, también lo fueron de San Martín. La diferencia estratégica era que éste lo hacía pensando en América y los porteños, por un cerril localismo portuario.

Como buen militar de carrera, formado al servicio de la monarquía española y liberal moderado en sus ideas, al Protector lo aterraba la anarquía. Nunca tuvo buena relación con José Artigas ni con los caudillos provinciales, si bien se negó a usar su ejército para combatirlos cuando se lo ordenaron desde Buenos Aires, pero no por coincidencias políticas sino para no entorpecer la lucha por la independencia.

Confederación sudamericana. El viejo imperio hispanoamericano se había comenzado a disgregar a poco de andar. Los intereses económicos, sociales y culturales contenidos por siglos bajo la corona de España estallaban y a ellos se sumaban los de las grandes potencias europeas, como Gran Bretaña y Francia, a las que no les importaba fragmentar para conquistar los nuevos mercados.

En 1820, luego del triunfo en Cepeda de los caudillos federales, la mayoría de las provincias reasumió su soberanía. Tiempo después, Bustos -ya gobernador de Córdoba- va a intentar organizar constitucionalmente el país convocando a un Congreso en Córdoba, tal vez por las razones que García del Río expone en la citada carta, pero también por convicción. Son explícitas las coincidencias de pensamiento entre el gobernador, San Martín y, en los hechos, Bolívar.

Todos impulsaban una confederación de los países sudamericanos. Vemos que el monarquismo del Libertador tenía gran pragmatismo, ya que el caraqueño se reconocía republicano, al igual que Bustos, que además era federal.

En Buenos Aires, una nueva logia "porteñista" y enemiga de San Martín se había adueñado del poder, en la que tenía mucha influencia Bernardino Rivadavia, personaje fuertemente enfrentado con el general. Años más tarde (1825), ya en Europa, sólo amigables consejeros evitaron que San Martín lo retara a duelo.

El general Antonio Gutiérrez de la Fuente, enviado del Protector a las Provincias Unidas (1822), con el objeto de obtener ayuda para terminar la guerra en Perú, narra en su diario los desplantes del Gobierno porteño para no proporcionar el auxilio económico solicitado. Sólo algunos gobernadores provincianos, entre ellos Bustos, se ofrecieron para encabezar la expedición, pero carecían de los medios materiales. Además, Rivadavia se encargará de promover el Tratado del Cuadrilátero con las provincias litorales, para hacer fracasar el mencionado Congreso de Córdoba, seguramente temiendo, entre otras cosas, la influencia política de San Martín y el federalismo de Bustos.

Guayaquil. En ese contexto, se desarrollará la reunión de Guayaquil, en julio de 1822. San Martín concurrió abrumado por su poder en crisis: Chile no respondía y lo criticaba; Buenos Aires era gobernada por enemigos mezquinamente pendientes de los negocios del puerto; en Perú, conspiraban propios y extraños.

La documentación sobre la reunión, así como un elemental análisis político, no dan lugar a demasiados misterios. Eran ambos libertadores personalidades diferentes, pero seducidos por el poder. El venezolano, extrovertido, audaz y seguro; el correntino, introvertido y reservado, tal vez calculador y, por ello, dubitativo.

Con un poder desgastado y débil, San Martín sólo podía humildemente requerir ayuda al político triunfante y en ascenso, respaldado por la Gran Colombia. La solución no pudo ser otra más que el alejamiento de San Martín. Resulta ingenuo achacar a Bolívar el no haber aceptado tenerlo como subordinado, pues si lo hubiera hecho, sus enemigos hubieran aprovechado la personalidad de San Martín -al margen de su voluntad- para atacar y conspirar contra el venezolano.

Que esto causó dolor y frustración de por vida a nuestro correntino, es indudable, tal cual lo dice la copia de una carta dada a conocer en 1843, 13 años después de la muerte del venezolano, por Gabriel Lafond de Lurcy. Pero resulta necio condenar a Bolívar por una ambición que ambos poseían. La política es un acto de poder y se ejerce, no es de su índole la moralina de mentecatos.

Por otra parte, a quienes así piensan San Martín se encargó de responderles con acciones: siempre conservó el retrato que Bolívar le regalara en Guayaquil y en la misma carta, luego de criticar políticamente a su "amigo/competidor", se compromete a no revelar las diferencias, ya que -de "traslucirse" lo escrito- "los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla y los intrigantes y ambiciosos, para sembrar la discordia."

Ambos se dieron una misión americanista hasta el final de sus días.