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Reflujo y preinterna

Nadie se salva del reflujo del verano. Después del flujo de noviembre, tras la muerte de Néstor Kirchner, el reflujo: la Presidenta cayó en intención de voto en un diciembre signado por hechos de violencia social-político-delincuencial. Horacio Serafini.

09 de enero de 2011 a las 12:01 a. m.
Reflujo y preinterna

Nadie se salva del reflujo del verano. Después del flujo de noviembre, tras la muerte de Néstor Kirchner, el reflujo: la Presidenta cayó en intención de voto en un diciembre signado por hechos de violencia social-político-delincuencial, si bien localizados, de impacto nacional. No obstante, conserva un alto porcentaje de aprobación, un dato nada menor con tres años de gobierno y a menos de 10 meses de las elecciones. También el reflujo afecta a la oposición. Bajaron en intención de voto, y casi por igual, candidatos y posibles candidatos presidenciales, desde Mauricio Macri y Eduardo Duhalde hasta Ricardo Alfonsín, Elisa Carrió y Fernando "Pino" Solanas; y, con mayor impacto, Julio Cobos.El electorado también da señales de descompresión. Uno de cada dos argentinos no sabe a quién votará, según la foto que surge de la encuesta de Management & Fit que se difundió estos días.La política, sin embargo, continúa con sus preacomodamientos hacia octubre. Con movimientos aletargados, en el oficialismo, y hacia definiciones, en el caso del radicalismo; aunque, de hecho, hasta hoy hay sólo dos candidatos: Carrió y Solanas.El regreso a El Calafate hace suponer que, desde mañana, Cristina Fernández retomará de lleno la gestión y la supervisión del entramado político pre- electoral. Pero postergará lo máximo posible una definición sobre su reelección. En el oficialismo, hay especulaciones de todo tipo. "No irá porque está muy condicionada por los siete años de gobierno", conjetura un intendente granbonaerense, kirchnerista de la primera hora. Un encumbrado diputado y dirigente del PJ bonaerense lo hace en contrario: "¿Qué buena razón hay para que desista de su carrera política, si le va bien?"Nada indica que continuarán los cambios en las primeras líneas del gabinete, después de las llegadas de Nilda Garré al flamante Ministerio de Seguridad y del intendente Juan Mussi a la Secretaría de Ambiente. La primera de esas decisiones es una reafirmación de autoridad de parte de la Presidenta, del mismo modo que lo fue a nivel del PJ cuando en Olivos, dicho en términos llanos, les agradeció el respaldo a Kirchner pero les recordó que es ella la que está viva.Vaciado de competencia en el área de la seguridad, Aníbal Fernández fue reconfirmado estos días como jefe de Gabinete. No será por decisión de ella si finalmente se va, aunque exabruptos como el testicular de esta semana desafinan con el estilo de la Presidenta. Tampoco cabe prever la salida del ministro de Justicia, Julio Alak: la convocatoria estos días a una reunión de trabajo en Olivos es una señal, frente a los insistentes rumores en contrario. Después de todo, Alak nunca tuvo a su cargo la relación con el Poder Judicial, siempre en manos del secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, quien hoy comparte el núcleo duro de confianza de la Presidenta, con Héctor Icazuriaga (Inteligencia) y Julio De Vido (Planeamiento). PJ calmo, UCR agitada. Por el lado del PJ, las aguas aparecen calmas. El poder de Hugo Moyano, por indicación presidencial, ha sido acotado por Daniel Scioli. Aunque, al decir de un conspicuo dirigente kirchnerista bonaerense, "el mejor conductor del camionero es el Comodoro Py", sede de los tribunales en los que hay causas que pueden involucrarlo. El alineamiento de los poderosos intendentes del Gran Buenos Aires, como sucede con los gobernadores adictos, tiene una razón aún válida: como dijo uno de aquéllos, "no estamos con Cristina porque la queremos sino porque nos permite ganar". La regla vale para Scioli. Sin embargo, éste se permite algunas libertades. Después de tomar nota del reflujo presidencial, tuvo una reunión con el disidente Mario das Neves, impensable en vida de Kirchner. Las aguas han vuelto a agitarse, en cambio, en el radicalismo. La irrupción de Ernesto Sanz desacomodó a Alfonsín. El diputado era tranquilo precandidato de centroizquierda de la UCR, hacia una polarización en las encuestas con la Presidenta, con el único escollo de un devaluado Cobos, a salvar en las aún inciertas internas abiertas de agosto. Ahora tendrá que derrotar a un adversario cuyo desafío es hacerse conocer contrarreloj antes de la "preinterna" de abril o mayo, pero que cuenta con un fuerte apoyo material y político de los mismos que en su momento de gloria endiosaron a Cobos.