Temas del día:

Recuerdos de octubre

La evocación de aquel octubre, sus aromas, sus sonidos, está empapada de cierta dosis de melancolía, quizá porque era una ilusión tan blanca como los sueños nuevos, los de cada uno y los de todos.

13 de octubre de 2013 a las 01:13 p. m.
Recuerdos de octubre

Estar encerrado en un auto detenido justo cuando cantan Los Andariegos en la radio y sentir que un par de lagrimones te mojan la cara, sólo por eso, por el canto, por las palabras, por el tiempo que ha hecho de medio siglo un instante, porque sí o por lo que te acaban de decir. No hay manera de explicar la humedad en los ojos a menos que se diga toda la verdad, y toda la verdad acaso pocas veces se dice, y más si venimos de aquellos días en los que se amordazaban hasta los sentimientos. Sí, alguno mira con desconfianza, pero como dice Pancho Cabral que dicen en La Rioja, “qué culpa querés que le haga”. Estamos en democracia, se puede lagrimear en un auto. En la esquina, cuando el semáforo los deja, se juntan un pibe y una piba y se dan un beso fuerte, tan fuerte como se dan los besos emocionados de encuentro. Y uno vuelve a verse sentado en el banco en una plaza de ciudad chica, en la soledad de la siesta, aunque no tan sola: un policía sin uniforme, pero no por eso descansando de su misión, viene a decirte que “guarda con los besos”. Uno hubiera querido decirle: Estamos en democracia, mi novia y yo podemos besarnos. Pero no, no estábamos en democracia, y había que contestar: Sí, señor. Sopla la brisa de octubre y se vuelve tan sencillo, casi hormonal, volver a aquel octubre de tres décadas atrás: la democracia se sentía como la libertad, nunca tan parecida a la primavera como aquella vez. Hasta podía tenerse la ilusión de tocarla. Es más, se cantaba; venía en el aire como un turbión de canciones nuevas que nos contaban sobre esos días, y otras más viejas que reverdecían en voces frescas. Volver a cantar con toda la voz, qué sensación, pese a que veníamos de tanto dolor. La evocación de aquel octubre, sus aromas, sus sonidos, está empapada de cierta dosis de melancolía, quizá porque era una ilusión tan blanca como los sueños nuevos, los de cada uno y los de todos. Tal vez sentíamos que la democracia traería todos los remedios. No fue fácil atravesar estos 30 años entre tantos barquinazos que nos llevaron del desencanto a la angustia, hasta arrastrarnos en el fango de una crisis a la que ni siquiera le faltó sangre de compatriotas en las calles. Y si alguna vez pensábamos que el miedo se iba a evaporar, lo que sucedió es que se presentó con otras ropas y nos asustó tanto que hasta sentimos que el país dejaba de pertenecernos y lo pusimos en manos de otro. Como cuando nos acobardó la hiperinflación y la anarquía de los saqueos, que hicieron posible que un presidente llegará al cargo con un discurso y lo cambiara por otro totalmente diferente cuando llegó al poder. Fuimos una y otra vez rehenes de la mentira y entregamos todos nuestros bienes colectivos a cambio de hundirnos cada vez más en la pobreza y la desesperación. La política se volvió mala palabra, un asunto de especialistas en el simulacro, mientras mandaban los tecnócratas que manejaban los números. Pero volvimos a asomar la cabeza, a respirar y hasta a soñar con un país recuperado. No, no fue sencillo el tránsito por estos años, pero hemos sostenido a la democracia en nuestra historia reciente, y al fin, así como vivimos decepciones y desencantos, también nos ha quedado claro que no tenemos otra herramienta para convivir y mirar hacia adelante.