Reconocer juntos los errores cometidos
¿Qué nos mueve a encontrarnos a los cristianos de diferentes denominaciones? ¿Se trata de diplomacia eclesial? Federico Palacios.
Como sucede todos los años, del 18 al 25 de enero se celebró en el hemisferio norte la semana de oración por la unidad de los cristianos. En el hemisferio sur, donde enero es tiempo de vacaciones de verano, se realizará entre la fiesta de Pentecostés y la de la Santísima Trinidad. Pero, ¿qué nos mueve a encontrarnos a los cristianos de diferentes denominaciones? ¿Se trata de diplomacia eclesial? ¿Simpatía creciente luego de años de separaciones? ¿La necesidad de asociarnos y cooperar con el fin de enfrentar algo hostil a nuestra fe común?Toda respuesta positiva a estas preguntas sería inútil si perdemos de vista el quid de la cuestión, lo fundamental del problema y de la solución.El mismo Jesús, durante la Última Cena, nos dejó su testamento hecho oración. Invocó al Padre el don extraordinario de la unidad entre sus discípulos: "Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado" (Juan 17,21).El papa Juan Pablo II subrayó lo esencial del empeño por la unidad de los cristianos: "Esta unidad, que el Señor dio a su Iglesia y en la cual quiere abrazar a todos, no es accesoria, sino que está en el centro mismo de su obra. No equivale a un atributo secundario de la comunidad de sus discípulos. Pertenece, en cambio, al ser mismo de la comunidad".La tarea ecuménica es, por tanto, una responsabilidad de toda la Iglesia y de todos los bautizados en todas las denominaciones, que deben hacer crecer la comunión parcial ya existente entre los cristianos, hasta la plena comunión en la verdad y en la caridad. La falta de unidad atenta contra el significado profundo del bautismo. Por eso el Papa agregaba: "¿Cómo es posible permanecer divididos si con el bautismo hemos sido 'sumergidos' en la muerte del Señor, es decir, en el hecho mismo en que, por medio del Hijo, Dios ha derribado los muros de la división (Efesios 2,13-16)? La división "contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura". Este año, el tema de la Semana está tomado de la Primera Carta a los Corintios: "Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo" (1 Corintios 15,51-58). Nosotros, cristianos de diferentes denominaciones, podemos tomar parte en esta "victoria" transformadora si nos dejamos transformar por Dios, sólo si realizamos una conversión de nuestra vida y la transformación se realiza en forma de conversión.¿Quién nos puede mover a esto, es decir, convencer interiormente de la necesidad de esta conversión "macrodenominacional"?De manera muy atinada, expresaba Juan Pablo II: "Con la gracia del Espíritu Santo, los discípulos del Señor, animados por el amor, por la fuerza de la verdad y por la voluntad sincera de perdonarse mutuamente y reconciliarse, están llamados a reconsiderar juntos su doloroso pasado y las heridas que desgraciadamente éste sigue produciendo también hoy. Están invitados por la energía siempre nueva del Evangelio a reconocer juntos con sincera y total objetividad los errores cometidos y los factores contingentes que intervinieron en el origen de sus lamentables separaciones. Es necesaria una sosegada y limpia mirada de verdad, vivificada por la misericordia divina, capaz de liberar los espíritus y suscitar en cada uno una renovada disponibilidad, precisamente para anunciar el Evangelio a los hombres de todo pueblo y nación".Por eso, una vez más: "¡Espíritu Santo, ven!".
*Laico católico. Miembro del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz).

