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Quiénes y cuándo

Kirk Douglas cabalga nuevamente. Autorretrato.

12 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Quiénes y cuándo

Kirk Douglas cabalga nuevamente. Después de acostarme, comencé a buscar una frase que valiera la pena para iniciar esta nota, a raíz de la inesperada reaparición de Kirk Douglas en la ceremonia de entrega de los premios Oscar. En las notas, es tan decisivo entrar como salir. Pero la frase no apareció porque entre Kirk Douglas y yo se metía, de malas maneras, la figura terrible de su padre, un inmigrante ruso y prácticamente analfabeto que hacía la diaria al comando de un carro de dos mulas, recogiendo, clasificando y revendiendo los desechos del nuevo mundo. Se llamaba Kazimir Danielovich y, a lo bestia, nadie lo llamaba por el nombre sino por el oficio: "el Trapero".La infancia de Kirk Douglas, que aún no se llamaba Kirk Douglas sino Issur Danielovich, transcurrió bajo la sombra todopoderosa del Trapero, un gigantón con camiseta de frisa y gorra de cuero que lo fajaba lunes, miércoles y viernes, por deporte. Y martes, jueves y sábado; para mantener la forma. Los domingos, la familia Danielovich descansaba.El padre de Kirk Douglas parecía un fenómeno de feria, medía 1,90 metro, pesaba 120 kilos y con el tabaco de los puchos que rejuntaba por la calle armaba unos cigarros que olían a carburo. A veces, sentado sobre una pila de cajas que en el hogar hacían las veces de sillas y de mesa, se dirigía a Issur como un maestro y le bajaba línea sobre cómo hacer para sobrevivir entre desechos. Le daba tres consejos: 1) Para pegar, no sólo tienes dos puños, hijo mío, sino también la cabeza. Apunta al estómago. En Nueva York, la gente come mucho pollo frito y es fácil que vomite; 2) si te detiene un policía, no le des bajo ningún concepto ni tu domicilio ni tu nombre verdadero; 3) recuerda que hagas lo que hagas aquí, nunca llegarás a nada. Obviamente, cuando Kazimir se enteró de que su hijo estaba dispuesto a convertirse en actor, ensilló el carro con las mulas y salió a buscarlo por el vecindario. Quería matarlo. Pero no logró encontrarlo. Issur se había mandado a mudar a Manhattan, a la casa de un amigo, buscando un lugar en el rompecabezas del show business . En realidad, me gustaría seguir contando la vida del Trapero. Pero el héroe de estas líneas es su hijo, una de las columnas sobre las que Hollywood levantó su imperio en la década de 1940. Issur atravesó, a su vez, una interminable amansadora por los mentideros de Broadway. A su favor, habría que subrayar que los pocos dólares que embolsaba los gastaba en profesores. Porque, viviendo con Kazimir, había aprendido a pronunciar como la mona las tes y las be.– Dhe phencil is on the tavle. Pronunciaba mal, pero tenía lo que John Ford consideraba indispensable para la profesión de estrella: presencia. Es decir que ahí donde él aparecía, los demás se convertían en etcéteras. Era un duro, un cínico, un fajador que se abrió paso a fuerza de descaro, de braguetazos y de un hoyuelo bajo el labio inferior cuya hondura le permitía ir acumulando los ahorros. Desde ese punto de vista, nunca dejó de aplicar las enseñanzas de Kazimir y es probable que hoy, a sus 95 años, para afeitarse, continúe utilizando los jabones gratuitos del hotel. Hollywood recién advirtió su presencia cuando necesitó a un actor de 82,300 kilogramos para hacer de boxeador en El campeón , una película que el cineclub del Luna Park utiliza anualmente para abrir la temporada. Cualquier lector entrenado en el gimnasio del cine Cervantes podría, sin esfuerzo, citar media docena de sus películas: Espartaco , Ulises , Siete días de mayo , Los vikingos , La patrulla infernal , Retorno al pasado , Sed de vivir , Cadenas de roca , El último atardecer , 20 mil leguas de viaje submarino . Y Duelo de titanes .Una vez contó que había hecho el amor con Marilyn Monroe. Los valientes andan solos, pero con la cartuchera desabrochada. Maestro. Últimamente aparece cada vez que puede por la tele y hay que darle codazos porque se pone a roncar cuando no debe: tiene la frente blanca y los ojos afables, pero ausentes. Menos el hoyuelo en la pera, sus perfecciones han desaparecido, pero sigue siendo mucho más interesante que cualquiera. A veces creo que mi trabajo –escribir sobre el cine que duerme en cada uno de nosotros– consiste en mantener en condiciones una plaza de árboles sin hojas, donde los brotes retroceden y los niños se niegan a crecer.

Autoretrato. Yo no sé: / lavar / planchar / cocinar / factorear / yo no sé cómo hacer para dejar de oír las voces que me cantan por adentro / yo no sé: / agradecer los regalos / digo ¡ah!, bueno / para qué se ha molestado / y cuando nadie me ve le doy una patada a la pared / yo no sé: / qué se hizo de nuestro porvenir / tan distinto y tan hermoso / yo no sé: / manejar una llave inglesa / cambiar la mecha de un taladro / el cuerito de la canilla / yo no sé: / si ya pasaron los años más felices de mi vida / yo no sé: / qué contestar cuando me preguntan si España está buena para irse / hagan como los toreros / respondo / persígnense / y que Dios reparta suerte / yo lo que verdaderamente sé: / es caminar como un ladrón / mientras robo las últimas palabras de la noche / yo no sé: / por qué quiero tanto a los argentinos de mi barrio / yo no sé si decirlo o no decirlo / pero me gustaría morir / como los que han amado mucho / y una cosa más que me gustaría: / clavar en el palo del corner / la muy heroica bandera cordobesa.Yo no puedo: / dejar de fumar / los cigarrillos queman las heridas más profundas / yo no puedo: / dejar el café / yo no puedo: / dejar de mirar / palpar / olfatear /vigilar / la foto de Marilyn Monroe en diagonal / ya saben cuál / yo no puedo: / abandonar al chico que fui y se mandaba a mudar de todas partes / para ir al cine Cervantes / yo no puedo olvidar al Cervantes / yo no puedo: / dejar de acariciar / el lomo de los buzones / los perros / y los aviones / yo no puedo: / dejar de hablar con el hombre que va conmigo / yo no puedo: / reducir la cuestión de la vida a un solo instante / yo no puedo: / recordar la fecha de ningún cumpleaños / salvo el de John Ford / y el de Alfredo Di Stéfano / y tampoco puedo olvidar a mi papá apoyado en el marco de la puerta / tomando un jarrito de café / mi papá fumaba Particulares.Yo puedo: / leer / caminar / leer mientras camino / estar solo / escuchar la novela de las dos / yo puedo: / guardar secretos / flotar ligeramente sobre el aire / mover las orejas como Amadeo Sabattini / yo puedo decirles algo: / siento nostalgia de Córdoba / constantemente / yo puedo: / contarles la historia de la telefonista rusa que deletreaba mi nombre de la siguiente manera: / Dostoievski, Alexandrova, Nevski, Irina, Eisenstein, Ludmila / yo podría / si quisiera / comprar un teléfono celular / pero no quiero / el que quiera hablar conmigo que apoye la oreja sobre el piso / yo siempre estoy detrás de este sonido: taracataracataracataracatac / ¿Qué niño no estaría de acuerdo conmigo?