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Qué les pasó a los partidos políticos

Las cúpulas partidarias fueron reemplazadas por presidentes, gobernadores e intendentes, auxiliados por directores de empresas o entes estatales o paraestatales. 

13 de mayo de 2014 a las 12:12 a. m.
Jorge Horacio Gentile*
Qué les pasó a los partidos políticos

Los partidos políticos son, o deberían ser, las escaleras que la sociedad dispone para que personas idóneas puedan escalar y acceder, de manera pacífica y democrática, a los cargos políticos, desde los cuales se dictan reglas y se toman las decisiones importantes del Estado. Además, por esta vía, los ciudadanos hacen llegar a quienes ejercen el poder reclamos, protestas, proyectos e ilusiones, para que se escuchen y se plasmen a través del consenso o del voto mayoritario, teniendo en cuenta el bien común.Pero hoy los partidos están en crisis por haber sido absorbidos por las estructuras estatales, las que sirven para sobredimensionar los liderazgos personales, auxiliados por funcionarios, asesores, consultores o "contratados", que además conforman la "militancia".

Clientelismo

Ello les permite, también, usar los medios de comunicación masivos –la prensa, la radio, la televisión, la cadena nacional que pertenecen o dependen del financiamiento estatal–, las estadísticas y sondeos de opinión, redes sociales y asesores de imagen que se manejan o encargan desde el Estado.

Las cúpulas partidarias fueron reemplazadas por presidentes, gobernadores e intendentes, auxiliados por directores de empresas o entes estatales o paraestatales, concesionarios y asociaciones o empresas privadas que dependen de subsidios y planes sociales.

Todo ello facilita el clientelismo que se ejerce a través del personal político empleado en el Estado, o mediante la articulación que desde el mismo se hace a través de organizaciones no gubernamentales (ONG), cooperativas, sindicatos, centros vecinales, barras bravas u organizaciones piqueteras. Hay partidos que descuentan la cuota de afiliado del sueldo de quienes son empleados públicos.

Esto hizo perder identidad a los partidos y, en muchos casos, los convirtió en estructuras jurídicas vacías que apenas sirven para postular candidatos o hacer alianzas electorales.

Sus sedes se abren sólo en víspera de elecciones, la formación política fue sustituida por el

marketing

, muchas candidaturas fueron copadas por personajes mediáticos o de la farándula y las convenciones o congresos no debaten ideas ni plataformas sino alianzas electorales o candidaturas. Muchas veces, inclusive, dicen amén a lo decidido por sus líderes, a quienes, además, estas asambleas –casi siempre– les delegan la suma del poder público partidario. Y cuando estos jefes están en gobierno, avalan lo que allí hacen.

Elecciones de 2013 y 2015

Ejemplo de ello es lo que vimos en la provincia de Córdoba en la última elección de diputados nacionales, en la que la disputa se dio entre la lista de candidatos del gobernador José Manuel de la Sota, encabezada por Juan Schiaretti, y la del intendente de la Municipalidad de Córdoba, Ramón Mestre, cuyo primer postulante fue Oscar Aguad y el tercero, su hermano Diego.

Contaban con el apoyo de los intendentes que les respondían a ambos, destacándose, entre los de Unión por Córdoba, el de San Francisco, Martín Llaryora, que fue el cuarto candidato, junto a la locutora Blanca Rossi; y de los radicales, el de Río Cuarto, Juan Jure.

Por el tercer puesto, confrontaban la boleta de Cristina Fernández de Kirchner, liderada por Carolina Scotto –exrectora de la UNC–, apoyada por los intendentes del Frente para la Victoria, especialmente el de Villa María, Eduardo Accastello. El segundo candidato fue Martín Gill, quien integró el gobierno de Accastello, fue rector de la Universidad de esa ciudad y últimamente era secretario de Políticas Universitarias de la Nación. La lista de Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, fue encabezada por el exárbitro Héctor Balda­ssi.

El senador Luis Juez, con su candidato Ernesto Martínez, tuvo un brusco retroceso en la votación, por carecer de estructura estatal que lo sustentara. Quizá si el primer candidato hubiera sido el socialista Roberto Birri, como se lo propusieron, hubiera conseguido el apoyo del gobernador de Santa Fe, que es de ese partido. El voto castigo lo capitalizó la Izquierda, que casi obtuvo, por primera vez, un diputado nacional.

Influencia mediática

Los debates televisivos entre los candidatos y los fondos y espacios otorgados en radio y televisión por el Ministerio del Interior a los partidos tuvieron poca influencia entre los sufragantes, que se dejaron llevar más por la persistente propaganda y acciones proselitistas que desplegaron los gobiernos nacional, provincial y municipales.

El significativo protagonismo de estos quedó demostrado con la inédita derrota que un intendente, Sergio Massa, le infringió a la Presidenta.

El Fondo Partidario Permanente que por ley financia a los partidos, y los controles y sanciones que desde lo administrativo y judicial se les aplican no han dado resultados, ni para que haya vida partidaria, debates o escuelas de dirigentes, ni para financiar campañas electorales.

¿Sólo un sello?

Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) intentaron suplir lo que no se hace en los débiles partidos.

Pero sirvieron para que algunos candidatos vayan “por fuera” de las agrupaciones de las que son dirigentes, usando la personería de otro partido, que muchas veces es sólo una estructura jurídica, un “sello de goma”, como se suele decir.

La ley que las regula no exime de participar a los candidatos que no tienen contendientes internos, ni admite alianzas después de que se haya votado. Por ejemplo: que un candidato a presidente de una alianza o partido pueda unirse en una fórmula con el vice de otra.

Con miras a los comicios de 2015, se ensayan nuevas alianzas y precandidaturas que parecen ser más de lo mismo. Lo que necesitamos es que los partidos vuelvan a ser parte de la sociedad, vehículos de participación, foros de debate, escuela de dirigentes y no apéndices del Estado, y que se financien con transparencia.

Un objetivo para la generación de políticos nacidos al civismo después de recuperada la democracia y que ya comenzaron a reemplazar a los “setentistas” será sacar a los partidos del pozo en que cayeron y reconvertirlos en “instituciones fundamentales” de la democracia (artículo 38 de la Constitución Nacional), lo que será, además, una invitación a participar.

*Abogado constitucionalista, profesor de la UNC y UCC,  exdiputado nacional