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Protagonistas de nuestra época

¿Qué vale más? La vida de una mujer o la vida del niño por nacer. Ambos son de un valor extraordinario y no se los debe enfrentar. Daniel Annone.

20 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Daniel Annone*
Protagonistas de nuestra época

Nuestro tiempo es muy especial. Es un privilegio vivir en medio del gran despliegue científico y tecnológico que ha hecho la vida tan cómoda y fascinante. El mundo está literalmente en nuestras manos, lo sabemos todo al instante y podemos recorrerlo en tiempos tan breves que nuestros antepasados no lo podrían creer.

Pero también nuestro tiempo es de gran violencia en todos los órdenes, tanto a nivel internacional como local.

La violencia social es tal que no se respetan los derechos del prójimo y a cualquier grupo que quiere reclamar algo no le importa molestar y afectar a terceros.

La violencia familiar y social está en franco crecimiento. Muertes e inseguridad creciente son su resultado.

A ello sumamos, lamentablemente, la pérdida de los valores fundamentales de la vida humana. Y preocupa que se trate de imponer el “hago lo que se me da la gana”, como si fuese un logro de la libertad; no lo es.

Sobre la libertad. Sabemos que la libertad es el valor primario del ser humano, pero la libertad debe entenderse en el contexto del contrato social en el que vivimos, también previendo lamentables resultados cuando se la practica sin medir las consecuencias futuras de su mal uso.

El viernes pasado, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio de Tribunales de la ciudad de Córdoba, se realizó la apertura del año judicial en nuestra provincia y como invitado especial disertó el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, quien abogó por una libertad sin límites y sin modelos, como para justificar la reciente resolución del máximo tribunal sobre el aborto. Al término del acto, un legislador provincial me dijo: “Pastor, estoy desconcertado y no digo la palabra que merece este discurso por respeto a usted...”.

¿Qué vale más? La vida de una mujer o la vida del niño por nacer. Ambos son de un valor extraordinario y no se los debe enfrentar. Son dos valores maravillosos que debemos defender. La mujer debe ser valorada, reconocida y protegida como se lo merece.

El niño engendrado también, porque es una nueva y maravillosa vida desde la misma concepción, y eliminarlo es y será siempre un crimen.

Los antivalores. Al desprecio de la vida de quienes propician el aborto no punible sumamos el regreso a la muy antigua inmoralidad en la que parece que está todo bien y que quienes luchan por una sociedad más sana, con modelos de familia y de virtudes ciudadanas, son seres que no debieran tener lugar, porque se los considera como de la Edad Media.

¿Qué hacer? ¿Dejar que la sociedad siga declinando moralmente o continuar la lucha por un mundo mejor? Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo”.

Debemos sentir que la sociedad nos necesita, que debemos seguir participando porque debemos ser actores en la lucha para neutralizar el avance de los antivalores, luchando por los verdaderos derechos humanos de la vida desde la misma concepción, para todos sin excepción.

Por una sociedad y un futuro mejor, quienes creemos en la familia, los valores y los derechos humanos luchemos y seamos protagonistas en nuestro tiempo.

*Pastor evangélico, miembro del Comipaz