Primero, un sistema de partidos
La calma de la escena política es requisito para una discusión de este nivel, que sólo se plasma por vía de reforma constitucional. Ernesto Félix Martínez.
A propósito del incipiente intercambio de opiniones sobre la posibilidad de girar a un sistema parlamentario de Gobierno, en La Voz del Interior del pasado 10 de octubre Fernando Micca se preguntaba: "¿Qué grado de diálogo y convivencia existe entre los partidos? ¿En qué tipos de organización y liderazgos se basan nuestras lealtades?", y concluía que, sin prisas ni condicionamientos, el eventual cambio debe ser parte de un debate sereno. La calma de la escena política es requisito para una discusión de este nivel, que sólo se plasma por vía de reforma constitucional. La historia argentina enseña que las mutaciones constitucionales siempre se vieron envueltas en resultados de derrotas militares, necesidades de afianzamientos políticos, recuentos globulares o búsquedas de permanencias personales.Un error gigantesco cometeríamos en propiciar ya mismo una corrección constitucional, conscientes de la peligrosa idea de perpetuidad, cobijada por el pequeño grupo político que ejerce el poder, desde luego legítimamente, dada su amplia base electoral. No obstante, las preguntas planteadas al principio merecen respuesta, más aún cuando hemos suscripto, dentro del Frente Amplio Progresista, un programa que incluye la posibilidad –jamás la urgencia– de construir un sistema parlamentario de gobierno.La acusación de connivencia, al uso del Pacto de Olivos, en ofensa directa al candidato Hermes Binner, evidencia una profunda mala intención de quienes esconden sus entuertos pasados y no asumen sus reiterados fracasos políticos, ya perennes. En un sistema parlamentario, el resultado electoral de junio de 2009 hubiera terminado con el gobierno kirchnerista, pues podía conformarse otro, a partir de una coalición con mayor representación legislativa.Seguramente, a los impugnadores de ocasión les hubiera gustado entonces el parlamentarismo, con lo cual la crítica oportunista linda con la hipocresía. Como estamos en un sistema presidencialista y, en la Argentina, el revés electoral legislativo se superó con la parálisis parlamentaria, el uso del veto, los decretos de necesidad y urgencia y las adhesiones inesperadas, que tras las primarias ya son impúdico tropel.Aclarada la falta de prioridad de la reforma, valen la pena unas líneas sobre el asunto. No existe ningún grado de diálogo entre los partidos políticos, pues hoy éstos no se configuran como tales, y la línea interna del Justicialismo que gobierna no tiene ni tuvo nunca ganas de hablar con nadie, ni con las otras pequeñas fracciones del mismo Justicialismo, ni con fuerzas debilitadas pero de cuño histórico, ni con formaciones nuevas, ni con los gobernadores provinciales, ya sea que se presenten como candidatos presidenciales o se diferencien semánticamente, para agachar la cabeza, no bien el ahogo económico lo exija.Nuestras lealtades –las del electorado– no se sostienen en partidos y programas, sino que adscriben a una nebulosa ideológica, donde todos los candidatos proclaman las mismas generalidades irrefutables. Para llegar a un sistema parlamentario, antes hay que consolidar un sistema de partidos políticos, y no vislumbro que esa necesidad acucie a los grupos dirigentes, desprovistos, dicho con respeto, de perspectiva histórica. Mientras en la Argentina se fortifica el unicato –ante la posibilidad electoral que le concede el resuello económico–, las crisis condicionarán los recambios europeos, cambiando los primeros ministros, sin trauma alguno. Es una de las ventajas del sistema parlamentario. Una recaída nacional por baja del precio de la soja o devaluación del real brasileño implicaría un fin de ciclo, de caótica y penosa salida. Cuando pase el delirio de la unanimidad y se acepten como valores políticos el disenso, el acuerdo, la crítica, la pluralidad de opiniones, la racionalidad administrativa, y sobre la base de todo eso, se construya un sistema de partidos políticos orgánicos y sin confusiones de ideario, habrá llegado el momento de dirimir la conveniencia o no de pasar a un sistema parlamentario. Por lo pronto, el Frente Amplio Progresista incorporó a su plataforma y puso en el tapete una profunda, prudente y seria discusión del futuro político nacional.

