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¿Precios cuidados o precios dibujados?

Si los precios son más bajos que lo que el mercado pide, la gente obviamente consumirá más, expandiendo la demanda pero retrayendo la oferta, ya que a medida que más vende, más pierde.

26 de marzo de 2014 a las 01:45 p. m.
Maximiliano Bauk*
¿Precios cuidados o precios dibujados?

Como muchos sabrán, desde hace ya un tiempo en la Argentina se está implementando una arbitraria medida por parte del Gobierno nacional, que consiste en que él es el que determina el "precio justo" para los productos que considera esenciales para la gente. Me adelanto a decir que este se suma a la inmensa mochila de descomunales errores en materia económica que viene cargando el kirchnerismo, pero hay que dejar en claro el porqué.El precio surge de una combinación intersubjetiva de valoraciones y contempla el significado de determinada cosa, para determinada persona, en determinada circunstancia.La cosa puede ser útil o no, la persona puede desearla mucho o poco y las circunstancias pueden ser tanto de escasez como de abundancia. Así, es el precio el que nos dice –como nos ejemplificó Alberto Benegas Lynch (hijo) en una de sus clases a sus alumnos–: "¡Cubran las calles de asfalto y no de oro!".Los precios están repletos de información. En el caso de escasez de un producto valorado por la gente como sumamente necesario, este se encarga tanto de cuidarlo para que no se acabe como de incentivar a los productores para que aumenten su oferta.¿Cómo? Simplemente mediante un precio elevado que haga que la gente piense dos veces antes de comprarlo y lo preserve, mientras al mismo tiempo está cumpliendo con otra función esencial: se le da a este bien un margen de ganancia alto, de manera tal que se convierta en algo muy atractivo para los productores, con lo cual se expande la oferta. De este modo, la escasez y los precios caen, saciando a la deseosa demanda.Como se puede ver, en los precios se refleja toda una coordinación de conocimientos dispersos en la sociedad, conocimientos que son imposibles de tener cuando se trata tan sólo de una persona o entidad, como lo es el Gobierno. Es el mercado el que lo interpreta a la perfección, reflejando las interacciones y preferencias de millones de personas y dando así a la economía esa estabilidad ya fundamentada.¿Pero qué ocurre ahora que el Gobierno ha intervenido en los precios, poniéndoles un techo del cual no pueden subir? Al quitar la información que estos brindan, sin dudas habrá una mala utilización de recursos.Si el marcador de combustible en nuestro vehículo nos señala lleno cuando en realidad está casi vacío, emprenderemos un viaje que nos dejará a la deriva en plena ruta. Del mismo modo, si los precios son más bajos de lo que el mercado pide, la gente consumirá más y expandirá la demanda pero retraerá la oferta, ya que a medida que más vende, más pierde. Las grandes empresas con grandes márgenes operativos podrán seguir en el mercado, pero no las pequeñas que no puedan absorber esa pérdida, ya que su margen de ganancia será menor. Como antes era el mercado el que le decía a los empresarios que produjeran determinado bien, ya que les daría grandes ganancias, ahora les grita lo contrario. Esta vez, el mensaje es: "¡Corran o entrarán en quebrantos!". Por supuesto que, con tan elevada demanda en busca de un bien a un precio artificialmente bajo y con oferta mínima, pronto habrá una inevitable faltante.El Gobierno nacional ni siquiera necesitaba leer algo de esto para evitar este garrafal disparate. Tan sólo con mirar a su desastroso aliado, el gobierno venezolano, pudo haber visto que dibujar números en el lugar de los precios lleva a que el mismísimo papel higiénico valga más que los bolívares.

*Analista de políticas económicas en el Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad