Temas del día:

Postales del dolor

Las crónicas en estas instituciones hablan de cientos de individuos que comparten pésima alimentación, precarios alojamientos, raídas vestimentas y alienantes rutinas sin sentido o utilidad. Gustavo Calzolari.

21 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
Gustavo Calzolari*
Postales del dolor

Espantados por la noticia que corría por los pasillos, los trabajadores del hospital de Bell Ville se preguntaban cómo pudo suceder eso, cómo se había caído tan bajo en el centenario nosocomio que ideara el sanitarista Domingo Cabred. En aquella madrugada del 21 de abril de 2011, se encontró el cuerpo sin vida y semidesnudo de Marcelo M., de 43 años de edad, paciente interno del área de Salud Mental, con signos de haber sido arrastrado hasta el lugar y señales de mordeduras, al parecer producidas por perros y alimañas.La trágica decadencia volvió el 7 de diciembre, cuando un hombre ingresado por una intoxicación alcohólica con excitación psicomotriz terminó ahogado en las aguas del río Ctalamochita, que rodea al hospital. ¿Cómo explicarles a sus familiares este absurdo dominó que lleva, una y otra vez, a muertes evitables?Algunas respuestas a preguntas similares las dio el juez de Cámara Nereo Héctor Magi, en su nota del 12 de junio de 2012, dirigida al entonces presidente del Tribunal Superior de Justicia, Domingo Sesín, a raíz de su visita al hospital: "Las palabras no alcanzan para describir el deterioro, la desidia, la falta de higiene y el abandono generalizado de todo el lugar, que además de erigirse en sobrecogedoras imágenes, permiten reflexionar sobre cuáles son las políticas sanitarias del Estado, que parece que poco o nada interesan"."Se advierte que desde hace muchísimo tiempo no se invierte un solo peso para aunque sea paliar la situación. Escuchar el reclamo generalizado de los médicos, supervisores y enfermeras, agravado por la falta absoluta de personal, parece ser un lugar común, teñido por la más degradante desesperanza." Y sigue el juez: "Solicito del Alto Cuerpo, como cabeza de poder y entre otras razones humanitarias, porque hay varios internos judicializados, que tome decisivas cartas en el asunto y que inste a las autoridades correspondientes al compromiso político que permita una pronta solución a los problemas que aquejan a esa comunidad hospitalaria."Nada se pudo hacer desde el ministerio público tampoco el 30 de marzo del 2012, cuando se repitió el horror. Julio R. murió víctima de un mortal traumatismo craneoencefálico por los golpes de un interno. La estructura del horror. Relatos parecidos se suceden, pese al esfuerzo del escaso equipo de salud, entre los más de 1.200 pacientes de las "colonias" de Oliva, Santa María de Punilla y Bell Ville. Las crónicas en estas instituciones hablan de cientos de individuos que comparten pésima alimentación, precarios alojamientos, raídas vestimentas y alienantes rutinas sin sentido o utilidad.Aislados de la sociedad, estancados en sus procesos de aprendizaje y creatividad. Muy lejos de las propuestas basadas en principios de respeto al derecho a la salud y la dignidad como personas. Muy lejos de lo que exigen las leyes nacional y provincial de Salud Mental.Allí todavía caben las descripciones que hacía José Ingenieros, en 1920, cuando denunciaba el estado de "los desgraciados internos, que vegetan sin ningún tratamiento especial, abandonados a su suerte, aislados del afecto, hacinados, desprotegidos de la servidumbre respecto a otros pacientes, practicantes y custodios".Todavía se repiten en el "pobre, loco, drogadicto y delincuente", esposado a una silla y tirado sobre un lastimoso colchón, en unos de los pasillos del Instituto Provincial de Alcoholismo y Drogadicción (Ipad), inhumano aguantadero que hoy sigue en una crónica reconstrucción, luego de un "accidental" incendio.El dolor se vuelve a encarnar en los suicidios de jóvenes del Centro Psicoasistencial, Unidad de Agudos Judicializados (CPA), donde las drogas circulan libremente y donde tal vez la muerte se busque como salida al infierno de vivir 22 horas diarias de encierro en salas-celdas de aislamiento.La postal se clona en los niños atados en sectores de mayores, en los abusos a mujeres expuestas a convivir con psicópatas penalizados.Lo atroz se vuelve a expresar en las rejas y barrotes del Hospital Neuropsiquiátrico Provincial, en sus baños tapados, su olor nauseabundo, sus roedores.Son los parias del sistema, a los que nunca les llegó el derroche del Bicentenario ni las limosnas de "la fiesta" de José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti, ni una brisa de la malgastada lluvia de recaudación fiscal, ni una moneda de la millonaria década del campo.La estructura funcional de la perversión gubernamental es hacerles pagar más a los que menos tienen, siempre burlando las normas, negando las leyes y sus reglamentaciones.Sólo desde allí se puede sostener el obsceno gasto publicitario provincial, esta loca mitomanía del "neocordobesismo", tan confrontativa como intrascendente.Con la mitad de los fondos asignados por De la Sota en el presupuesto 2013 para Prensa y Difusión, se cubriría el ideal del 10 por ciento para Salud Mental (del total del presupuesto para Salud), justo lo que recomiendan la Ley Nacional de Salud Mental y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero el poder provincial elige seguir con este "silencioso achique", y reduce la partida para el año entrante a un irresponsable 6,34 por ciento.Ya no se puede seguir naturalizando esta barbarie. Si no levantamos nuestra voz ciudadana, seremos cómplices, por acción u omisión, de esta locura política que transformó a la segunda provincia más rica del país en la más endeudada y dependiente de la Argentina. Porque esta dura realidad también nos interroga por la salud mental de toda la sociedad cordobesa.

*Vocal de la Asociación de Psiquiatras Cordobeses (Apsico), integrante de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (Apsa).