Por ahora, el rumbo ya está elegido
Los sectores tradicionales del peronismo están cada vez más enojados. Pierden espacio y ganan incertidumbre. Carlos Sacchetto.
Las llamadas vanguardias del "cristinismo", desbordantes de entusiasmo y espíritu victorioso, deberán seguir esperando. La Presidenta no anunció su candidatura a la reelección, pero la demostración de fuerza que el sector hizo el viernes último en la cancha de Huracán, en la Capital Federal, terminó de convertirlo en el vértice de la pirámide sobre la cual asienta su poder Cristina Fernández. Se recordaba aquel 11 de marzo de 1973, cuando el triunfo de la fórmula Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima abrió la puerta al regreso del peronismo al poder, después de 18 años de proscripción. Hoy, como entonces, el eje movilizador es la juventud. A esa juventud y a las organizaciones sociales kirchneristas dirigió la Presidenta su emotivo discurso, con paralelas históricas que cruzaron 40 años de política argentina. Discurso y realidad. Conocida es la capacidad de oratoria que exhibe Cristina, pero no tan conocidas eran hasta ahora las fuertes contradicciones a las que expone sus palabras en la comparación con los hechos. "Hay que construir sobre las coincidencias…, con amor y no con odio…, no contra alguien sino por algo", propuso una Presidenta que, junto a su fallecido esposo, hizo todo lo contrario: construyó poder por confrontación y no por consensos. Todo cambio es legítimo, comprensible y positivo si es sincero y producto de una búsqueda de caminos más abarcativos. El problema es que no parece ser ésa la intención de la jefa del Estado. Al concentrar aún más a los núcleos duros que la apoyan, está alejando a muchos que hasta ahora le posibilitaron, con votos, disciplina y obediencia, un tránsito menos conflictivo por las cimas del poder. Los sectores tradicionales del peronismo están cada vez más enojados. Pierden espacios y ganan incertidumbre. Se sienten desplazados, no escuchados, no representados. Por eso, muchos dirigentes de ese peronismo clásico, intendentes, jefes territoriales y gobernadores, no estuvieron en el acto de Huracán. Las diferencias se profundizan y desde sus posiciones ven que ha comenzado el desborde.Durante la semana, una versión abrió la posibilidad de que se construyera un puente entre ambos sectores. En círculos políticos, trascendió que el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández se reuniría con la Presidenta para acercarle algunas propuestas dirigidas a integrar a ese peronismo desorientado que abunda, en especial en el distrito bonaerense, el de mayor caudal electoral. No sólo no se levantó puente alguno, sino que ni siquiera pudieron ponerse los andamios. Desde una oficina muy próxima a la mandataria, se descalificó la versión, con un agregado: "Le recuerdo que quien quedó con más resentimiento por el alejamiento de Alberto fue Cristina, y ella es la que decide con quién hablar". Lo que los intendentes y gobernadores temen ahora ya no es el "ninguneo" al que se van acostumbrando. Vienen los tiempos en que hay que definir las boletas electorales y sienten que el avasallante "cristinismo" les diluye el poder de negociación para mantener sus espacios. Ilusiones desmedidas. También se les agotan los tiempos en la apuesta que realizaron por Daniel Scioli. El gobernador bonaerense sigue con serena resignación los caminos que le marca la Presidenta y no da señales de mediar. Desde arriba lo aceptan por especial pedido de Cristina, y desde abajo ya lo ven más ajeno que propio. Hay, sin embargo, quienes todavía se ilusionan con un Scioli que unifique al peronismo a solicitud de la Presidenta. Muchos de ellos creyeron ver en el acto de Huracán una señal favorable en ese sentido. El ex motonauta estuvo al lado de Cristina, quien le dedicó más de una sonrisa.Otros, más optimistas todavía, albergan la esperanza de que si Cristina decidiera no ser candidata a la reelección, marcaría con su dedo a Scioli para reemplazarla. En la ficción política, todo cabe. Pero, ¿alguien lo ve a Scioli armonizando a los sectores hoy enfrentados en el peronismo?Las preguntas, en todas sus variantes, se repetirán hasta el momento mismo en que la Presidenta anuncie su candidatura o exprese su renunciamiento. Fuera de Cristina, ¿hay alguien dentro del kirchnerismo duro que asome como figura para dar continuidad al modelo? Su expresión "el gran desafío es la construcción política que no haga depender la transformación de una o dos personas", ¿no apunta a buscar un tercero? Ante esos interrogantes, no hay respuestas. Nadie quiere darlas y sólo se escucha en el kirchnerismo el ruidoso deseo de que la Presidenta vaya a la reelección. No contemplan ni remotamente la posibilidad de una derrota. El clima de triunfalismo, imponiendo la "invencibilidad" de Cristina, se extiende a una sociedad silenciosa, que recién decidirá dentro de ocho meses.Hay fenómenos que no siempre son producto de los procesos previos. Sólo ocurren en su momento y transforman la realidad. Es lo imprevisible, lo inesperado. Conviene recordar que de eso también se alimenta la política.

