Pobreza y riesgos: el fin de las metáforas
Los argentinos, lejos del alcance de las metáforas, estamos muriendo de literalidad.
En los últimos días, algunos hechos de la dura coyuntura argentina nos han señalado sin disimulo, sin elegancia y sin artificio, algunas de las deficiencias más tristes que ostentamos como sociedad.
Esta poética del náufrago que naturalizamos nos anestesia tanto que ya no logramos captar indicios, adivinar sentidos, revelar significados.
Entonces, la realidad deja de lado las metáforas y se expone así, desnuda y de frente, para ver si logra hacernos reaccionar.
La semana pasada, cinco alumnos del Instituto Jóvenes Argentinos, del barrio Jardín Espinosa, zona sur de la ciudad capital de la provincia, cayeron dentro de la cámara séptica de su escuela. El hecho podría utilizarse como una metáfora que reflejara el estado de la educación en nuestro país, si no fuera porque su literalidad nos deja mudos.
Al mismo tiempo, en otra zona de la ciudad, y en el marco de una investigación judicial, peritos forenses esperan encontrar en un predio de enterramiento de basura algún resto del cuerpo de Anahí Bulnes, una docente y madre de tres niñas desaparecida desde diciembre del año pasado. Una mujer asesinada y tirada a la basura.
¿En qué momento dejó de producirnos espanto que haya que separar y clasificar residuos para encontrar a una persona, a una mujer?
Lamentablemente, no es la primera noticia que une a personas con basurales en un mismo título. En noviembre de 2022, un niño de 8 años murió aplastado por un camión de residuos mientras buscaba alimentos –¿o jugaba?– en un basural de Paraná.
Cuando se dice que la pobreza enferma y mata, no es un juego de palabras.
La semana pasadas, los diarios relataban que una beba en situación de calle murió a metros de la Casa Rosada. Fue en sincronía exacta con el día en el que se anunció el desconsolador índice de pobreza en la Argentina.
Los argentinos, lejos del alcance de las metáforas, estamos muriendo de literalidad.

