Perdónalos, Néstor, no saben lo que votan
El Gobierno nacional “hace capoeira ” con la aristocracia, como dijo un artículo firmado por Esteban Schmidt en la revista Rolling Stone.
El Gobierno nacional no pelea contra "la aristocracia", como dice La Cámpora. El Gobierno nacional "hace capoeira " con la aristocracia, como dijo un artículo firmado por Esteban Schmidt en la revista Rolling Stone. Metáfora estupenda y lapidaria. Sólo una ideologización típica del mesianismo de clase media puede confundir un combate verdadero con la danza voluptuosa que simula una pelea.El mayor derrotado de estos días no ha sido el partido de gobierno, sino el "kirchnerismo" ideológico. Su derrota empezó antes de la elección, cuando la Presidenta se colgó de la sotana de aquel a quien poco antes había permitido difamar como cómplice de la dictadura genocida.En rigor, comenzó al elegir como candidato a un típico exponente del discurso vaporoso que, en lugar del verbo "gobernar" usa el verbo "gestionar", y que reemplazó "el sufrimiento del pueblo" por "los problemas de la gente". Eso es Martín Insaurralde, un Sergio Massa que, por conveniencia, se quedó donde el intendente de Tigre, por cálculo, no quiso quedarse.Lo mismo es Daniel Scioli. En definitiva, tres dirigentes a los que no los separa un pensamiento, sino una decisión. Lo demás son poses, simulaciones, como la danza arte-marcial que crearon los esclavos angoleños llevados a Brasil por comerciantes portugueses.El discurso del gran beneficiado por las primarias es lo suficientemente superficial como para delatar ese pensamiento resbaloso, que prefiere enfrentar conceptos antes que a líderes y partidos concretos.Cristina no tiene adversarios, sino enemigos. Quienes la enfrentan en las urnas son sólo insignificantes mandaderos de sus poderosos empleadores. En el otro extremo está Massa, que tampoco tiene adversarios de carne y hueso, porque lo que enfrenta son "los problemas de la gente": inflación, inseguridad, etcétera.Cristina usa las palabras más ofensivas; en cambio, Massa las que ayudan a no personalizar los espectros que propone combatir. Por ejemplo, dice "confrontación" donde debiera decir "intolerancia".Así son los exponentes del pensamiento resbaloso. Pueden adherir por conveniencia a tal o cual posición, pero en lo íntimo se definen como Facundo Cabral: no son de aquí ni son de allá.Hasta ahora, el único mérito de Massa (además de ser un buen intendente) es ser un Scioli que se atrevió a lo que el verdadero Scioli no se atreve. La fuerza que se expresó en las urnas no está en él, sino en la posición que decidió ocupar. Triunfos y fracasos. "La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva; y la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva". José Saramago escribió este lúcido razonamiento, particularmente aplicable a las primarias, una suerte de ensayo previo a los verdaderos comicios legislativos, que se harán en octubre.Por eso, el gobierno de Cristina Fernández aún puede revertir la dura derrota que acaba de sufrir, mientras que a Sergio Massa podría escapársele el estratégico triunfo que logró.No se le escapará si interpreta de manera correcta la razón de su victoria sobre el kirchnerismo. Y esa razón es que el intendente de Tigre fue claramente percibido como opositor y no en ese punto intermedio y equidistante de oficialismo y oposición en el que intentó situarse al principio.Francisco de Narváez interpretó mal las causas por las cuales pudo vencer a Néstor Kirchner en las legislativas de 2009. Creyó que había sido enteramente mérito propio lo que, en realidad, se explicaba más en los errores del expresidente, por ejemplo impulsar algo tan impresentable como las candidaturas testimoniales, una suerte de estafa electoral preanunciada.Cristina también tiene dificultad para analizar de manera correcta sus derrotas y sus victorias. Por caso, atribuyó a su genialidad el 54 por ciento de votos con que fue reelegida, sin admitir la contribución que hizo un acontecimiento trágico: la muerte de su marido.Por cierto, habría ganado lo mismo aunque no hubiera enviudado de manera tan sorpresiva. Méritos propios y deméritos de la oposición le garantizaban el triunfo, pero el "efecto luto" lo amplificó hasta darle dimensión histórica.Napoleón explicó que la lucidez de los líderes radica en saber con precisión hasta dónde sus victorias se deben a sus méritos personales y desde dónde a circunstancias fortuitas. Pero el liderazgo kirchnerista no es bueno en esos cálculos.Por ejemplo, considera que el crecimiento económico en "la década ganada" se debe enteramente al "modelo", sin reconocer el extraordinario aporte de la soja, gracias a la casi inédita relación de los términos del intercambio en el comercio mundial.El Gobierno revertirá el pobre resultado que obtuvo en las primarias si encuentra la clave para revitalizar la cada vez más débil economía. Quizá lo haga, pero sería de suerte. El equipo económico y su jefa ya demostraron no tener la menor idea sobre el origen y la cura del entumecimiento económico.Al vacío de ideas lo tapan con el relato que tanto embriaga al kirchnerismo ideológico. Por eso es el gran derrotado de estos días. Y es también por ese vacío que la Presidenta interpreta mal el resultado de las primarias, diciendo que esa porción superior al 70 por ciento del electorado sencillamente eligió mal.En el discurso del miércoles en Tecnópolis, sólo le faltó mirar al cielo, como Cristo, y decir "perdónalos, Néstor, no saben lo que votan".

