Penalizar al consumidor es penalizar al enfermo
No coincido con la opinión vertida por Wilbur Ricardo Grimson, ex secretario de Sedronar, el miércoles último. Alberto Rivarola.
No coincido con la opinión vertida por Wilbur Ricardo Grimson, ex secretario de Sedronar, el miércoles último. Trata de ingenuos a quienes proponemos la despenalización del consumo de drogas. Coincido, sí, en que el fenómeno es complejo, pero no en que la despenalización acarreará la libre circulación de drogas. Condena a quienes pensamos distinto y no da argumentos de fondo para considerar que la penalización de quienes son enfermos y, por lo tanto víctimas, provocará una transformación social. Penalizar al consumidor es penalizar al enfermo. Sería lo mismo que penalizáramos a un enfermo de cáncer porque necesita de una droga. El dolor que calma la enfermedad de los consumidores de estupefacientes es la angustia, es la soledad, es la impotencia de vivir en una sociedad que lo trajo al mundo y que no le da acogida o que él no sabe cómo hacer para que se le acoja. No todos los consumidores son delincuentes y no coincido en que todos los que consumen lo hacen únicamente para delinquir. Considerar que el consumo de drogas es un delito es desviar la atención del verdadero delincuente. Verdaderos delincuentes son los que se aprovechan de las debilidades de los otros para enriquecerse. Normalmente, los narcotraficantes jamás son perseguidos. Lula, en Brasil, persiguió narcotraficantes y no consumidores. Me preocupa lo que muchos hacen de sus vidas, pero la represión de enfermos es una aberración que jamás en la historia de la humanidad tuvo éxito. Para las llamadas fuerzas del orden, perseguir al consumidor, es más fácil que perseguir al delincuente que se aprovecha de la debilidad del que consume. Permitir a nuestras fuerzas represoras que continúen persiguiendo al consumidor les seguirá posibilitando decir que combaten la droga, cuando en realidad castigan al enfermo y protegen al delincuente.

