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"Patience, please" (Paciencia, por favor)

Confundir paciencia con pasividad es patrimonio de obtusos. La paciencia que ayuda a salir del estado no deseado es la que se acompaña de acción. Marcelo Polakoff.

19 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Marcelo Polakoff (Rabino, miembro del Comipaz)
"Patience, please" (Paciencia, por favor)

¿Cuál es el vínculo entre "paciencia" y "paciente"? Pues, es mucho mayor del que solemos imaginar. Va más allá de sostener que todo paciente debe colmarse de paciencia a fin de esperar –mientras está convaleciente– que el tratamiento llegue a buen puerto y la curación concluya, para salir de aquel molesto estado.Es que, bien mirada, la paciencia comparte su raíz latina con la pasión, que necesariamente implica sufrimiento. Algo que también sucede en el hebreo, ya que sablanut (paciencia) proviene de sebel (sufrimiento). Parece ser, entonces, que un toque de padecimiento es inseparable de esta afamada virtud, un elemento sin el cual toda paciencia se desdibuja y pierde sustancia y seriedad. Pasajero por perdurable. No se trata aquí de hacer una apología del dolor ni de alentar el masoquismo. Para nada. Se busca, en todo caso, comprender que todo paciente, y por ende toda paciencia, apunta a lograr en el futuro una mejoría permanente, que implica, en una especie de relación costo-beneficio, que vale la pena un quantum (cantidad de algo) de dolor pasajero para obtener un remedio perdurable. Es como si, en el fondo de ese aguardar, el goce reemplazara por completo a semejante displacer que acostumbra acompañar a tan paciente paciencia.No por casualidad, el texto bíblico alaba a esta virtud en versículos tales como aquellos que rezan: "El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez. El que es iracundo provoca contiendas; el que es paciente, las apacigua. Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades. Vale más el fin de algo que su principio. Vale más la paciencia que la arrogancia".Caricias por doquier que nos llegan precisamente en estos días, cuando a los argentinos se nos pide una vez más paciencia respecto de la recuperación de la soberanía en las Islas Malvinas. Sucede que el titular del Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas, Donatus Keith Saint Aimee, pidió "paciencia" a la Argentina, ya que, según advirtió, Gran Bretaña no abandonará las Islas Malvinas "de un día para el otro". Y puso como ejemplo el largo proceso institucional que llevó a su país natal, Santa Lucía, a independizarse de Francia y Gran Bretaña, después de siglos de dominación extranjera.Insistamos: Donatus está actuando con sensatez. Pedir paciencia es patrimonio de virtuosos. Paciencia y pasividad. Pero confundir paciencia con pasividad es patrimonio de obtusos. Y muchas veces hemos pecado por ello. Porque la paciencia que ayuda a salir del estado no deseado es la que se acompaña de acción, la que se rodea de una actitud firme y sesuda, la que no descansa hasta encontrar el remedio exacto en su graduación más precisa. Por lo contrario, la paciencia se va tornando lentamente en pasividad, la pasividad en ausencia y la ausencia en inexistencia.Aunque también hay veces en que la paciencia bien ejercitada, pero sin éxito, complica bastante al paciente. Como lo dice el libro de Mishlei, el libro de los Proverbios: "La espera que se demora enferma el corazón". Y algo así nos pasa con las Malvinas. Tenemos un tanto enfermo el corazón, con tanta espera demorada. Ojalá se nos cure pronto. Mientras tanto, patience, please ; pero, por favor, paciencia activa.