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Obama, ¿presidente débil o imperial?

Ni débil ni imperial. Desde la Segunda Guerra Mundial, o desde la irrupción a escena de los bolcheviques, en acuerdo con Noam Chomsky, la política exterior estadounidense buscó gobiernos aliados que favorecieran las inversiones privadas, tanto de capitales nacionales como extranjeros, la producción para la exportación y –aspecto fundamental– el derecho a expatriar fondos.

20 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
Juan Pablo Martínez Ghirardi
Obama, ¿presidente débil o imperial?

Ni débil ni imperial. Desde la Segunda Guerra Mundial, o desde la irrupción a escena de los bolcheviques, en acuerdo con Noam Chomsky, la política exterior estadounidense buscó gobiernos aliados que favorecieran las inversiones privadas, tanto de capitales nacionales como extranjeros, la producción para la exportación y –aspecto fundamental– el derecho a expatriar fondos. Los líderes norteamericanos han seguido a la perfección dichos lineamientos en las últimas décadas, principalmente en la década del '70. ¿El gobierno de Barack Obama sigue ese camino? El andamiaje general de la política de su país sí lo hace. Sin embargo, en el tramo final de su segundo mandato se encuentra asentando las bases del cambio que pareciera impulsar. Obama, pareciera más ocupado por la política doméstica que por la influencia directa en el resto del planeta. No puede ignorar los intereses norteamericanos en el exterior, pero pujó por reformas en la política interior asestando golpes en algunos casos en el corazón corporativo de algunos intereses. Es el caso de las reformas fiscales, la reforma al sistema de salud, las posturas ambientales y la reforma migratoria. Incluso, muy recientemente propuso una posible gratuidad en una etapa inicial del sistema educativo.Quien haya seguido sus discursos anuales del estado de la Unión puede advertir este camino desde el primer período de gobierno. En defensa del viejo modelo debió enfrentar el surgimiento de un republicanismo casi ­fanático, el Tea Party. Aquí encontramos la clave de la casi cómica argumentación ­­an­ti-Obama, donde se lo muestra como un ­go­bernante débil. Los datos de Obama indi­carían lo contrario. Además de las reformas en curso y propuestas (aunque no prosperen en lo inmediato), las estadísticas de gestión son positivas. Si bien es innegable un intervencionismo en el plano internacional, en general gestionó para la finalización de guerras y no el inicio de ellas, buscó consensos en los conflictos. Qué mejor ejemplo que el acercamiento a Cuba en el último tiempo. Para sus detractores, es un presidente débil que "desatiende" los lineamientos clásicos de la política exterior norteamericana. En frente, un Obama que pareciera querer quitar a la investidura presidencial estadounidense el rol imperial que tanto tiempo se le atribuyó.