Nuevo capítulo de la novela “Córdoba, templo del federalismo”
El convenio entre Juan Schiaretti y su par de Santa Fe para hacer un acueducto que traiga agua del Paraná se inscribe en la larga mitología de nuestra provincia.
Capítulo que podría titularse: “Parte de nuestra provincia se irrigará con agua del río Paraná”. Así lo anunció el gobernador Juan Schiaretti el pasado 30 de enero, cuando suscribió un convenio con el gobernador de Santa Fe para construir un acueducto que capte agua desde un afluente del Paraná e irrigue tierras de ambas provincias.
Fiel a su hábito, el gobernador dijo, de modo grandilocuente, que se trataba de “la obra más importante de los últimos 50 años”. Ya volveré sobre detalles de este convenio.
Otra ficción cordobesa
Ahora mi propósito es poner de manifiesto que se acaba de instalar un nuevo mito. Esto es, otra ficción. Un acto administrativo que se intenta convertir en una epopeya. Es el estilo de Schiaretti y no lo vamos a modificar cuando sólo restan 10 meses para que concluya su extenso mandato de 12 años.
Además, no ignora que los cordobeses somos proclives a otorgarle carácter épico a nuestro pasado. Y que, a lo largo de los siglos, hemos instalado muchos mitos. Ora para dar mayor significado a algunos acontecimientos históricos, ora para cultivar nuestra inocente vanidad. Así, no nos cansamos de repetir que nuestra provincia es “docta”, que “está siempre de temporada” o que fue “cuna de la Reforma Universitaria”.
Es una costumbre. Una tradición fuertemente arraigada. Al extremo que, cuando se restauró el sistema democrático, en 1983, lo primero que hizo el gobernador Eduardo Angeloz fue inventar e instalar un mito. Para eso decidió otorgarle pergaminos celestiales a la provincia, denominándola “isla”. O sea, territorio incontaminado por la miseria y el atraso que afrontaba buena parte del resto del país.
Este mito se desvaneció pronto. La “isla” se hundió. Entre otros motivos, porque en 1995 no podía pagar los sueldos de la administración y las jubilaciones. La orgullosa provincia se había declarado en “cesación de pagos”.
De la isla de Angeloz al corazón de De la Sota
En 1999, el gobernador José Manuel de la Sota –conocedor del significado simbólico que tienen las consignas– eliminó las que elogiaban a Córdoba como una provincia altiva, ajena a los problemas del resto del país. Creó un mito romántico: Córdoba sería el “corazón del país”.
Esta consigna se repitió a diario durante su mandato de 12 años. En comunicaciones oficiales y en la abrumadora propaganda utilizada para dar brillo a su administración. Fue un mito eficaz. Entre otras cosas, sirvió para ocultar que en esos 12 años la Provincia fue parcialmente privatizada.
La Constitución fue modificada (con la colaboración del radicalismo) para eliminar al Senado como parte del Poder Legislativo y órgano de control. Y con una ley (llamada “Ley del Estado Nuevo”) que fue sancionada con el voto de un opositor, se fragmentó la administración central creándose “agencias”, sociedades comerciales y fideicomisos que actuaron (y actúan) como organismos autónomos y autárquicos. Esto es, fuera del control fijado por las cláusulas constitucionales y legales que protegen los recursos públicos y el interés general.
Su sucesor, Schiaretti, no suprimió ese mito. Pero la consigna romántica de De La Sota fue “enriquecida” poniendo el acento en el heroísmo de nuestros antepasados. Un gobernador de principios del siglo XIX fue rescatado del olvido y adoptado como símbolo del federalismo. El brigadier Juan Bautista Bustos fue honrado con actos oficiales y monumentos. Y se archivó la veneración que hasta entonces se tenía por Gregorio Funes, José María Paz, Dalmacio Vélez Sársfield y fray Mamerto Esquiú.
La supuesta joya del federalismo
Como antes el “corazón del país”, ahora “el heroico brigadier” sirvieron para que el gobernador Schiaretti, en sus áridos discursos y mensajes a la Legislatura sólo hiciera referencia a los que consideró los aciertos que permitieron construir un “Estado presente, solidario e innovador” y convertir a la provincia en la joya del federalismo nacional.
Jamás el reconocimiento de errores e infracciones. Jamás detalles de un balance sobre estado de la administración. Jamás algún informe sobre monto de la deuda contraída para sostener erogaciones realizadas por las sociedades comerciales que reemplazaron a los órganos de la administración pública.
Vuelvo, ahora, al nuevo capítulo de la novela “Córdoba, templo del federalismo”. Ya dije que el convenio celebrado con Santa Fe para construir un acueducto fue calificado como la “obra pública más importante de los últimos 50 años.”. Como al pasar, Schiaretti debió admitir que para construir el acueducto la provincia solicitará un préstamo de 100 millones de dólares a Arabia Saudita. Y también admitió que el préstamo se haría efectivo cuando la Nación lo avale. O sea, nunca.
A todo lo expuesto, debe agregarse que el proyecto para irrigar parte de Córdoba con agua del Paraná no es iniciativa original del actual gobierno. Ya en el siglo XIX el gobernador Juárez Celman encargó estudios científicos para “traer el agua del Paraná hasta Córdoba”. Y en los primeros años del siglo 20 el ingeniero Luis Huergo concluyó el informe con las bases científicas requeridas.
Ese informe sirvió para que el gobernador Ramón Cárcano firmara con el gobernador de Santa Fe el convenio que daría comienzo a las obras. Pero ambas provincias fueron intervenidas por el poder central en 1930, cuando fue destituido el presidente Hipólito Yrigoyen, y ese convenio fue anulado.
Seguramente los lectores se estarán preguntando por qué los firmantes del acuerdo del 30 de enero omitieron toda referencia a estos precedentes históricos. ¿Por ignorancia? Sería grave. ¿O porque quisieron ocultarlos deliberadamente para instalar un nuevo mito?
En cualquiera de estas hipótesis, tendrá vida efímera. Tal vez sea utilizado para engañar a los incautos, porque este año habrá elecciones. Pero nada más.
* Abogado

