Nos habíamos amado tanto
La consistencia humana y de artista de Ettore Scola demuestra a veces que no es tan sencillo para el mundo cambiar a un hombre.
“Íbamos a cambiar el mundo pero el mundo nos cambió a nosotros”. La frase de Gianni, el personaje que encarnaba Vittorio Gassman en Nos habíamos amado tanto , daba por concluido el deseo de la conciencia de que todo puede ser mejor y más justo para todos. Y a la vez expresaba el consentimiento más inmediato y elemental al goce a través de objetos al alcance de la mano, lo cual ponía las contradicciones de esa conciencia en silencio definitivo. Eran cuatro amigos: Gianni, Antonio (Nino Manfredi), Nicola (Stefano Satta Flores) y Luciana (Stefania Sandrelli). Todos se habían amado entre sí, los tres habían amado a Luciana, y Luciana había amado a Gianni. Ellos habían combatido contra el nazismo y habían vivido la euforia de la paz con los sueños calientes de una juventud que creía que entonces sí, después de semejante horror, el más sagrado de los ideales (un mundo más justo y mejor) tendría su oportunidad. Pero la vida es la vida, y se sabe que vivir todos los días puede alejarnos demasiado de los sueños, sobre todo si no se sueña bien despierto. La película empieza con un azaroso reencuentro después de años entre Gianni (el que había tomado distancia) y los otros tres. Por una confusión, creen que a Gianni las cosas le han salido mal, pero luego de un largo, intenso y conmovedor paseo por los recuerdos, descubren que lleva un opulento pasar y que, entren otras cosas, tiene una inmensa pileta en su casa. (Las piletas fungen muchas veces como demarcatoria social). Gianni ha llegado allí por haberse casado con la poco agraciada hija de un burgués acaudalado. Es decir, le había encontrado una utilidad superior a su pinta y a su capacidad de seducción, y había cambiado la supuesta verdad del amor por la contundencia del buen pasar. Sus amigos lo veían en lo alto del trampolín con los ojos llenos de preguntas. ¿Cuánto poder tienen los buenos vinos, los objetos caros, la embriagadora sensación de los aeropuertos lejanos, como para acomodarse en la convicción de que el mundo es mejor así como está? La película fue estrenada en Argentina en los días que precedieron a la sangrienta dictadura militar. Estaba firmada por Ettore Scola, y llevaba en el alma al gran cine italiano de la segunda mitad del siglo 20 que buscaba al hombre entre la espesura de la realidad. Era un cine que creía en sí mismo, en su poder independiente, en su compromiso social y político. Fue la gran presentación del director nacido en Trevico pero de corazón romano, que luego daría a luz más títulos extraordinarios ( Un día muy particular , Feos, sucios y malos , El baile ...). Su muerte reciente significa algo más que la pérdida de un inmenso artista, es acaso la certificación de la extinción de un lenguaje cinematográfico, de una manera de sentir, pensar y crear. Se sabe, no es sencillo cambiar al mundo. Pero la consistencia humana y de artista de Ettore Scola demuestra a veces que tampoco es tan sencillo para el mundo cambiar a un hombre.

