No son ranas transparentes
Hay que mirar, vigilar y prever a los niños con tiempo y profundidad, pero como únicos en su ambiente y momento vital.
Ejercer la medicina con niños pequeños requiere de la observación como recurso fundamental. Mirar con tiempo y profundidad no sólo aspectos vinculados a su salud, sino a sus deseos, a sus circunstancias y necesidades.
Fue el médico Andrés Vesalio quien en 1543 revolucionó la semiología al proponer que la mirada médica fuera la herramienta fundamental en el abordaje de pacientes, postergando preceptos y dogmas.
En Padua, por primera vez Vesalio abría y exploraba cadáveres de manera oficial y pública para… mirar. Luego de reunir vasta experiencia, publicó De humani corporis fabrica (”Sobre la estructura del cuerpo humano”), monumental registro del cuerpo a partir de disecciones. La realidad sería descubierta a través de ojos propios.
Vesalio borraba de un plumazo la clásica medicina de Galeno, basada en la disección de animales que, por ejemplo, no tienen apéndice cecal (tampoco, claro, apendicitis).
El revolucionario Vesalio preanunciaba una antropología positiva en la medicina.
Un límite extravagante
Los 300 grabados que documentan la fábrica, realizados por eximios pintores renacentistas, afirmaban que la realidad sólo sería lo que se podía ver, desplazando otras formas de abordaje como la fe, la auscultación y las especulaciones. Según el gran historiador de las ciencias Alexandre Koyré, “desde entonces el visus tiene prioridad sobre el auditus”.
Seis siglos después, en 2007, un grupo de investigadores japoneses encabezados por el profesor Masayuki Sumida pudo observar la anatomía de una rana sin disecarla ni someterla a estudios radiológicos. Aplicando ingeniería genética, volvieron transparente a un tipo de ranas blancas japonesas (Rena japonica).
“Es posible observar a través de la piel el crecimiento de los órganos a lo largo de su vida”, explicaba Sumida. El logro, más cercano a la ciencia ficción que a lo cotidiano, agregaba la vigilancia continua a la previa observación estática.
Actualmente, el grupo trabaja en la fusión con genes de proteínas fluorescentes, para crear ranas que se iluminarán cuando comience a desarrollarse en ellas un cáncer. Además de ver y vigilar, prever es la estrategia semiológica.
Ranas transparentes e iluminadas suenan a un límite extravagante en el campo de la observación médica; pero ¿cómo influyen estas investigaciones en la práctica cotidiana?
Ver, vigilar y prever
Una manera –peligrosa, por cierto– es que el paradigma de ver, vigilar y prever impone la creencia de que la observación (objetiva, concreta, absoluta) es capaz por sí sola de describir la realidad de las personas. Se dejan de lado circunstancias tanto individuales como familiares y sociales que podrían determinar la construcción de salud o enfermedad.
Lo cierto es que, cada día, incontables personas se someten al irrefutable dictamen de imágenes radiológicas; a valores de laboratorio bioquímico, a diagnósticos escritos en manuales internacionales; en fin, a generalizaciones que poco informan sobre el individual sufrimiento de cada individuo.
Desde Vesalio hasta la rana transparente, el ojo absoluto determina que para toda condición humana existe un nombre, un encuadre, medicamentos, controles e inevitables estigmas asociados a lo diagnosticado.
Ahora bien, acompañar a niños y niñas en su crecimiento o enfermedades recuerda que son únicos e irrepetibles; personas que prefieren ser miradas, no observadas; escuchadas, no catalogadas; comprendidas, no clasificadas en categorías.
Los novedosos síntomas que manifiestan las actuales generaciones deben ser abordados desde un humanitarismo que descubra la dolencia singular, parecida pero no igual a la de todos.
Mirar, vigilar y prever a los niños con tiempo y profundidad, pero como únicos en su ambiente y momento vital. No son ranas transparentes.
* Médico

