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No hay que atacar al medio ambiente

El comercio internacional mejora la economía de los países, aunque no puede desentenderse de los daños que genera en el medio ambiente. Gustavo Scarpetta.

19 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Gustavo Scarpetta (Especialista en comercio exterior)
No hay que atacar al medio ambiente

En el mes mundial del medio ambiente, los organismos internacionales han fijado su posición con respecto al cambio climático. Así se resume la posición de la Organización Mundial de Comercio (OMC): no aplicar barreras ambientales, no a un tributo que financie la reconversión y disminuya la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).

Sin embargo, la máxima autoridad de la OMC, Pascal Lamy, dice al respecto: "La apertura del comercio tiene mucho que aportar a la lucha contra el cambio climático y en la protección del medio ambiente, pero el cometido de la OMC no se limita a la apertura del comercio. Los dirigentes que fundaron nuestra organización estaban firmemente convencidos de que el desarrollo sostenible constituye el fundamento de nuestra misión".

El comercio internacional mejora la economía de los países, aunque no puede desentenderse de los daños que genera al ambiente. Con más comercio, mejora la asignación de recursos en el plano internacional. Según cifras de la OMC, el 90 por ciento del comercio se transporta por mar, un modo de transporte cuya huella de dióxido de carbono (CO2) es inferior a la de cualquier medio alternativo.

Si se busca un mejor uso y asignación de los factores productivos y no se contabilizan los costos ambientales, el análisis de costo-beneficio no es completo y queda invalidado, al olvidarse las externalidades negativas que genera el comercio internacional desde el punto de vista ambiental.

Los métodos de producción se mejorarán si son castigados con impuestos los productos que no consideran el impacto ambiental negativo y son sometidos a tributos en frontera por ese incumplimiento.

El comercio internacional sólo mejora los métodos de producción buscando mayor eficiencia y menores costos, aunque esto muchas veces va de la mano de una mayor generación de gases de efecto invernadero (GEI).

El impuesto verde. Barack Obama propone un impuesto que grave el carbono. También existe la intención de un impuesto a la importación de productos que sean considerados altamente generadores de GEI. Los ingresos recaudados deberían ponerse a disposición de los países en desarrollo para financiar el salto tecnológico necesario para modernizar sus economías y reducir sus contribuciones al calentamiento global.

Los economistas consideran que los impuestos son excelentes instrumentos que tiene el Estado para influir en el comportamiento de los consumidores y las empresas.

Ya existen productos que indican en sus envases la "huella de carbono", que es una medida de la cantidad de emisiones de GEI, desde la fabricación hasta la comercialización. La huella de carbono de un producto es requerida por los consumidores de los países más avanzados. Para las empresas, creará un plus de valor en aquellas que tengan más responsabilidad social y sean cuidadosas del medio ambiente.

Las mejoras que signifiquen menores emisiones no surgirán de manera natural. Tanto la actitud de los consumidores como la de los tributos verdes pueden ser herramientas positivas para el medio ambiente. Para la OMC, el comercio y la liberalización benefician al medio ambiente, al lograr un mayor crecimiento económico que estimula la demanda de protección ambiental y genera ingreso extra para pagarla. Su idea es generar el daño, pero luego pagar la cuenta del hospital. No es una cuestión de la riqueza generada, sino que el daño puede ser irreversible.