Ni tránsfugas ni traidores: representantes políticos
Los legisladores de la Unión Cívica Radical ejercieron, aun antes de asumir, un acto de representación política. La legitimidad de esta actuación estará atada a su comportamiento futuro. En nada de lo que hicieron hasta ahora puede vislumbrarse una traición a su electorado.
Las internas en la Unión Cívica Radical son una costumbre. Tanto es así que se suele pensar que sus cuadros políticos están más acostumbrados al internismo que al ejercicio del poder. Por eso, la decisión de algunos diputados de conformar un bloque distinto generó reacciones diversas: molestias en “los propios” y regocijo en “los ajenos”. Los primeros estarían defraudados por la decisión. Los segundos, porque piensan enfrentar una oposición dividida.
Ni una cosa ni la otra. Un análisis detenido, a partir de algunos elementos constitucionales del asunto, podría conminarnos a pensar las cosas sin tanta prisa.
Creo que “los propios” –quienes los apoyaron en las elecciones– no deberían rasgarse las vestiduras por esta situación. Este no es un caso de “borocotización” radical. El transfuguismo electoral es una práctica criticable. Estamos ante esta circunstancia cuando los legisladores se cruzan de vereda. Es decir, traicionan a sus votantes sumándose a un partido opuesto a sus ideas políticas.
Mutaciones históricas
El sistema de partidos argentino ya no es lo que era. Los partidos políticos han sufrido una mutación fuerte, más allá de la añoranza e identificación que aún despiertan. Esa mutación, cuyas causas son endógenas y exógenas, hizo que proliferaran las alianzas partidarias. En el caso particular de estos diputados, todos fueron elegidos en el amplio paraguas que ofrecía la conjunción de partidos que constituyó Juntos por el Cambio.
El reglamento de la Cámara define a los bloques como los grupos de tres o más diputados organizados de acuerdo con sus afinidades políticas. Los interbloques son parte del llamado derecho parlamentario consuetudinario. No tienen reconocimiento en el reglamento, pero son empleados como un agrupamiento de diversos bloques unidos por aquellas mismas afinidades.
El nuevo bloque no se separa del interbloque de Juntos por el Cambio, la alianza que los llevó al Congreso de la Nación. Forma parte de un agrupamiento más amplio, que contiene a todas las expresiones políticas que conformaron la alianza. Ninguna traición, entonces.
Pero tampoco hay debilitamiento. El interbloque contiene todas sus expresiones internas; con disensos tácticos, pero con objetivos comunes. Por eso, “los ajenos” no deberían entender estos actos como un relajamiento en la oposición.
Este tipo de acciones deben ser consideradas un ejercicio legítimo de representación política. La facilidad con la que las mayorías son gobernadas por una minoría puede parecer una aporía. En líneas generales, parece inexplicable que una minoría pueda imponer sus decisiones a una mayoría.
Esta problemática no es un hecho nuevo; es tan antigua como conocida. Para David Hume, “observar la implícita sumisión con la que los hombres renuncian a sus propios sentimientos y pasiones a cambio de la de sus gobernantes” nos coloca en el centro de un verdadero problema filosófico: cómo justificamos este hecho.
Según Elías Palti, comprender “cómo el mismo que es soberano puede ser al mismo tiempo su súbdito” es constitutivo de todo el discurso político moderno. Este no es otro que un interrogante que persigue al pensamiento constitucional: cuáles son las condiciones de legitimidad del mando y de la obediencia en una comunidad.
El futuro dirá
Nuestros diseños institucionales contemporáneos recurren a la teoría de la representación política para dar cuenta de esto. Autorizan a que atribuyamos decisiones a un conjunto de ciudadanos que, en rigor, no están presentes en su adopción. Los ausentes son los representados y los presentes sus representantes. Es el representante, como sostiene Pablo Riberi, el que da unidad al colectivo ausente; al representado.
Si esto es así, el representante está autorizado para interpretar los designios de sus electores de manera libre. Sin embargo, está constreñido por una obligación: no debe traicionarlos.
Los legisladores de la Unión Cívica Radical ejercieron, aun antes de asumir, un acto de representación política. La legitimidad de esta actuación estará atada a su comportamiento futuro. En nada de lo que hicieron hasta ahora puede vislumbrarse una traición a su electorado.
Cuando la política partidaria abroquela a los mismos de siempre, por razones que a otros les corresponde analizar, incentiva este tipo de situaciones. Las consecuencias no tienen por qué ser necesariamente malas. Puede considerarse incluso una válvula de escape eficaz para afrontar situaciones de bloqueo.
Quienes votaron a estos diputados, por eso, no deberían sorprenderse. Eligieron agentes políticos que deben representarlos, pero que no pueden ejercer actos de traición o transfuguismo. Si se han equivocado, sólo el devenir del tiempo lo dirá.
Es conocida la frase de Hegel: “El búho de Minerva sólo levanta el vuelo en el crepúsculo”. Con esto nos dijo que para entender un momento histórico hay que esperar que termine. En el mismo sentido, debemos esperar el comportamiento de estos legisladores para evaluar su representación. Por ahora, es apresurado adoptar una decisión definitiva.
* Abogado; docente de Derecho Constitucional (UNC y Universidad Siglo 21)

