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Murió la esperanza; no el cambio

No fue un voto castigo sólo contra Obama, sino en contra de políticas erradas. La población exigió cambios y responsabilidad a todos. Ricardo Trotti.

07 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Ricardo Trotti (Periodista; [email protected])
Murió la esperanza; no el cambio

"Esperanza" y "Cambio" fueron los lemas de campaña más populares de la historia electoral de Estados Unidos, enarbolados por Barack Obama. Ese mensaje de fe y transformación cambió el mapa político y catapultó al actual presidente al estrellato. Fue consentido por las minorías desdeñadas del país y la simpatía de poblaciones enteras en otras naciones, independientemente de si fueran aliadas o enemigas. Obama representó la expectativa de modificar las políticas domésticas, y en especial las externas amasadas por George W. Bush. Al comienzo de su presidencia gozó de la euforia de grupos poco tenidos en cuenta, los jóvenes, los hispanos, los negros, los pobres y las mujeres, además de poblaciones y gobernantes de puntos tan lejanos en lo ideológico y geográfico como Cuba, Irán y Japón o desconocidos como Turkmenistán.Dos años después, tras las elecciones del martes último, el mensaje del electorado fue contundente. El tiempo y las promesas incumplidas desvanecieron la esperanza y ahora se pretenden cambios reales –no solo retóricos– en la dirección del gobierno. Y aunque no se trató de elecciones presidenciales, fueron un referendo sobre Obama. De ahí que, a pocas horas de la derrota, aceptó la desgracia del Partido Demócrata como suya, en un mensaje de contrición por Twitter: "Lo que los estadounidenses esperan –y lo que le debemos– es enfocarnos en los asuntos que los afectan: sus trabajos, su seguridad y su futuro".Las deudas acumuladas de Obama fueron muchas a lo largo de sus dos primeros años. Ninguna tan importante como la falta de creación de empleos y la inseguridad económica que dieron vuelta el electorado a favor de los republicanos, que se quedaron con el liderazgo de la Cámara de Diputados y varias gobernaciones, consejos y alcaldías, bastiones históricos de los demócratas, así como con la simpatía de minorías que antes ellos también ignoraban. Primero, economía. Cuando en política lo económico está acompañado de calificativos como recesión o depresión, y el desempleo se mantiene estable alrededor de 10 por ciento, a pesar de los multimillonarios paquetes de estímulo, pasan inadvertidos otros logros que pudieran tener impacto a futuro, como la reforma del sistema de salud, los cambios legales que maniataron la codicia y la corrupción en Wall Street, el retiro paulatino de las tropas de Irak o el mantener alejados a los terroristas del territorio nacional. Lo de Obama era esperado y lo presentía. De ahí que su propaganda electoral no apelaba tanto a los logros de su administración como al llamado de las minorías para que le den su voto tradicionalmente demócrata de auxilio. Pero el problema es que son las minorías las que tienen los porcentajes más altos de desempleo, las que han perdido sus viviendas dentro de una burbuja inmobiliaria que todavía no terminó de estallar, las que vieron aumentar sus impuestos por causas que nadie sabe explicar y quienes ven esfumarse sus sueños de una jubilación segura, con un sistema público de pensiones a la deriva y otro privado que sigue deglutiendo intereses y capital.Estas elecciones fueron un referendo para Obama, pero sería un error que los republicanos pierdan la perspectiva y se sientan tan exultantes como para olvidar que sus políticas de ocho años hegemónicos en la Casa Blanca fueron la causa de muchas de las consecuencias actuales. Ojalá adviertan que no fue un voto castigo sólo contra el presidente, sino en contra de políticas erradas de cualquier tendencia. La población exigió cambios y responsabilidad a todos, no sólo a los demócratas, como forma para recuperar la esperanza.