Mundo financiero y mundo real
Los fondos buitre no están dispuestos a dejar que los pueblos reaccionen, porque la dominación y la genuflexión de los sometidos son sus mejores armas.
“En un p ueblo turístico de Europa, llega de pronto un alemán muy rico al único hotel del lugar, deja en el mostrador un billete de 100 euros y le dice al dueño: ‘Me gusta mucho el lugar y quiero estudiar la posibilidad de pasar una semana acá. ¿Me permite mirar las habitaciones?’. ‘Sí, suba, las habitaciones están todas abiertas’, le responde el dueño del hotel, que sale corriendo y le lleva el billete de 100 euros al carnicero para saldar una deuda. El carnicero sale corriendo con el billete para pagarle al proveedor de alimentos para sus cerdos. A su vez, el proveedor de alimentos para cerdos va corriendo con ese billete y le paga a la prostituta una deuda por sus servicios. La prostituta toma el mismo billete de 100 euros y lo deja en el mostrador del hotel para pagar la deuda que tiene por haber alquilado las habitaciones. Entonces, al cabo de un rato, baja el turista alemán y le dice al dueño del hotel que no le gusta ninguna de sus habitaciones, toma el billete y se va...”. El pequeño cuento lo contó Mario Bunge, físico, filósofo y epistemólogo, uno de nuestros científicos de mayor reconocimiento mundial, hace unos días al diario La Nación. Y concluyó: “En esto consisten las grandes finanzas. Detrás de estas grandes manipulaciones, no hay nada”. El mundo de las grandes finanzas, en el que el dinero es más etéreo que nunca –es decir, ni siquiera tiene que estar impreso sobre un papel sino que se teletransporta como una abstracción que cobra consistencia cuando aparece como una cifra en una computadora–, es el que le está marcando el paso al otro mundo, en el que vivimos la gente verdadera, tangible. Podrá tratarse de una deformación del capitalismo, en la que la razón que mueve la economía no es sólo la producción de bienes y servicios. De lo que podemos estar seguro es del ingenioso modo en el que el dinero que está en unas pocas manos se multiplica a sí mismo, y a partir de ahí, de tan abultado, se convierte en un poder que arrasa, que obliga, que pone de rodillas hasta la clase política de la mismísima gran potencia. Los argentinos hemos visto cómo un simple cambio de columna que anotó la deuda de los privados en la deuda pública hizo que el pueblo, que se había empobrecido mientras los responsables se enriquecían, cargara con el grillete de la obligación de pagar. Buena parte del destino común y muchos destinos individuales se fueron por esa alcantarilla. Los fondos buitre no están dispuestos a dejar que los pueblos reaccionen, porque la dominación y la genuflexión de los sometidos son sus mejores armas para sostener y aumentar su poder. Y no es sólo un asunto argentino, sino de todos los pueblos acorralados por los dueños del dinero. Por eso, es una obligación plantear el debate en cada foro, como la Cumbre de las Américas que sesiona en Panamá. El mundo real debe ponerle reglas al mundo financiero.

