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Miopía y oportunismo en la oposición

Se necesita un cambio cultural y fiscal, que reduzca los índices de corrupción y evasión y que profundice la redistribución del ingreso a través de un gasto público eficiente. Daniel Gattás.

04 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Daniel Gattás - Doctor en Ciencia Política; docente de la UNC y de la UCC
Miopía y oportunismo en la oposición

Las múltiples manifestaciones de dolor popular producidas por el deceso de Néstor Kirchner han dejado en una posición por demás incómoda a todo el arco opositor. El incesante desfile frente al féretro del ex presidente demostró a propios y extraños que éste había creado un vínculo, un lazo de afecto, especialmente con los conciudadanos provenientes de los sectores más vulnerables. Frente a semejante cuadro mediático, tampoco dejó de sorprender la hipocresía, el oportunismo y el histrionismo de referentes políticos opositores que –frente al hecho fáctico de la muerte–, casi por iluminación divina y sin siquiera sonrojarse, parecen haber descubierto cualidades y virtudes en quien consideraban hasta horas antes como el Mefistófeles de la política argentina. Críticas. En estos siete años, he cuestionado muchas decisiones políticas y económicas de los Kirchner, haciendo hincapié no sólo en el fondo sino también en el modo en que se ejerció el poder, que desde mi óptica dividió a los argentinos. Pero sería necio no reconocer que hubo aciertos. El manejo de la deuda externa, la asignación universal por hijo, el incremento de los salarios reales, la restitución de las paritarias, la acumulación de reservas internacionales y el crecimiento sostenido son algunos ejemplos de ello. Claro, todo al amparo de un modelo neokeynesiano basado en la expansión del consumo, que mal que nos pese trae aparejado un proceso inflacionario. Quienes enseñamos economía, sabemos que en momentos de fuerte crecimiento, como en la Argentina de los últimos años, se produce falta de sincronización entre una demanda creciente, que se expande a un mayor ritmo que la oferta, provocando desequilibrios. Esto se puede contrarrestar a través de una fuerte apuesta a la inversión y a la productividad, para lo cual se requiere no sólo seguridad jurídica, sino también el compromiso de los trabajadores, que deben tener certeza de que los resultados van a ser distribuidos de manera equitativa. Solución a la inflación. En las últimas décadas, la solución al flagelo inflacionario era simple: políticas monetarias restrictivas y un tipo de cambio retrasado, que generaban recesión, desempleo y concentración. A esa vieja receta, el país no puede volver. Por ello, sería interesante que a los políticos que se llenan la boca hablando de "cambiar el modelo", se les inquiera sobre cuál es el modelo que imaginan y cómo lo implementarían. No tengo dudas de que es posible un nuevo modelo en el que disminuya el asistencialismo directo, que genera dependencia política. Pero el asistencialismo no es patrimonio sólo de los Kirchner, ya que ha funcionado de manera casi ininterrumpida en el país desde los gobiernos de Juan Perón en adelante. Necesitamos un cambio cultural y fiscal que reduzca los groseros índices de corrupción y evasión, incrementando la recaudación del impuesto a las Ganancias y profundizando la redistribución de ingresos a través de un gasto público eficiente, dirigido a fortalecer los servicios que utilizan los sectores más vulnerables. Estamos cerca de un nuevo proceso electoral y sería muy bueno para nuestro país que discutamos en serio "el modelo". Sospecho que si la prensa y los ciudadanos exigimos definiciones claras, más de uno va a quedar al descubierto, porque en verdad hay muy pocas ideas y casi nula imaginación.