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Miedos de ausencia

Se puede perder el trabajo, se pueden perder los bienes y hasta se puede perder la vida, una sensación angustiante, desesperanzadora, que se agudiza cuando se mira hacia los costados y el Estado no está o, cuando menos, no está donde debe.

10 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Miedos de ausencia

La persona necesaria en el momento indicado y en el lugar preciso. Una ecuación simple, pero eficaz. Una fórmula que no se nota en la rutina, pero que se torna imprescindible cuando una crisis estalla o, al menos, amaga detonarse. A los cordobeses les quedó grabado a fuego el recuerdo de aquellas noches de diciembre del año pasado, cuando un autoacuartelamiento policial los hizo sentir dentro del infierno. Fueron horas horribles las que mediaron entre que el gobernador José Manuel de la Sota cambió el pasaje y regresó desde una escala en Panamá. Entonces, la carencia de una figura que tomara en sus manos el poder del Estado nos dejó con un sentimiento de orfandad, que crecía a medida que veíamos una ciudad saqueada o quedábamos atrapados en el terror psicológico de las hordas que venían, pero nunca terminaban de llegar.La explosión en el gasoducto de Pilar, dos viernes atrás, obligó a De la Sota a abortar una gira que, lanzado a precandidato presidencial, pretendía llegar hasta la Patagonia.Muchas veces lo ha dicho: "Si pasa algo grave y no estoy, los cordobeses no me lo van a perdonar".Por eso, volvió de inmediato y se encargó de decir que los gasoductos (y, por ende, su seguridad) son responsabilidad de la Nación, la misma que durante los saqueos de diciembre especuló con sacar rédito, al no enviar a la Gendarmería. Todos los fuegos Esta vez, por cierto, ni siquiera hubo polémica política: no se conoció una sola palabra de la Presidenta, un ministro, un secretario, un subsecretario o el cadete de algún área del Gobierno central. Pilar, como alguna vez fue la estación de Once, no forma parte de la Argentina del relato.Un sentimiento de indefensión cala fuerte. Se puede morir escaldado en una ruta cualquiera o aplastado en un tren, da igual. Porque el Estado que debe controlarlos siempre mirará de costado.Por el contrario, la necesidad de la omnipresencia de los funcionarios, tal el caso del gobernador, los somete a un desgaste que les condiciona los movimientos. La erosión de la gestión cotidiana se acrecienta desde todos los frentes. Sin ir más lejos, llega la temporada de incendio y debe ser el propio De la Sota el que sale a explicar qué pasa con los fondos para los cuarteles de bomberos. E instalar un debate que parece añoso: si debe haber bomberos rentados o voluntarios. El toro debe ser agarrado por las astas porque cada cordobés deposita en el Estado sus buenos pesos, como impuestos cada vez que le paga la energía eléctrica a Epec.La inseguridad, otro factor de descontento social, requiere un ataque, pero al mismo tiempo se torna en un quebradero de cabezas para el Estado: cómo controlar a una fuerza policial que debe devolver la tranquilidad a los cordobeses, pero sin disparar primero y preguntar después.Aunque hay un debate ideológico de fondo que atribuye a la policía una vieja mentalidad represiva, también emergen demandas de otros sectores sociales que reclaman más defensa de los derechos humanos de las víctimas y menos de los victimarios.Una terrible colisión de derechos, en momentos en que se agudiza la crisis socioeconómica y esto parece contribuir a que la inseguridad vuelva a tener picos, no importa el tamaño de la ciudad o del pueblo del que se trate.Se puede perder el trabajo, se pueden perder los bienes y hasta se puede perder la vida, una sensación angustiante, desesperanzadora, que se agudiza cuando se mira hacia los costados y el Estado no está o, cuando menos, no está donde debe.Quizá este drama cotidiano no permita fijar demasiado la mirada sobre algunas situaciones políticas que pueden parecer menores, pero que revelan una ruptura de pactos de confianza. Un adiós silencioso La renuncia de la kirchnerista Carolina Scotto a la banca de diputada que obtuvo por Córdoba en las elecciones de 2013 deja varias lecturas, algunas en contra y otras a favor de la exrectora de la Universidad Nacional de Córdoba. Las razones del abandono están en su fuero íntimo; de hecho, argumentó razones personales. Pero cuando alguien entra en la política –y ella estaba allí desde sus tiempos de militante universitaria– lo individual queda subsumido al conjunto.No cierran las medias frases, algo así como: "Está todo bien, pero me voy". Porque eso traslada un fuerte costo para el sector que la eligió como abanderada. Los que la escucharon en el Congreso cuentan que había un dejo de decepción en sus palabras: había llegado a Diputados con la idea de influir y de hacer valer sus pergaminos doctorales. Pero se encontró con que el kirchnerismo no permite, justamente, la usina de ideas y, en cambio, es impiadoso: debate cero, sumisión total. –El aparato apela a la prepotencia todo el tiempo si sos opositor; imaginate si estás con ellos. No te respetan ni ahí –aseguran los que participan en el Congreso de las discusiones con ellos.Pasaron aquellos viejos tiempos en los que diputados y senadores volvían a sus provincias con sus valijas llenas de aportes y promesas. "En los ministerios, no te abren la puerta", dice un exlegislador que alguna vez se acercó a los K, pero que huyó espantado. En las últimas horas, en el kirchnerismo de Córdoba había sensaciones contrapuestas. La primera decisión parecía ser bajarle el tono al problema, pero al mismo tiempo ratificar que insistirán en fortalecer ese espacio dentro de la política cordobesa. Lo cierto es que todos aseguran que la decisión no les fue comunicada con antelación. ¿Es posible que, como dicen algunos kirchneristas, Scotto no entendió de qué iba esta política y los riesgos de andar en el barro? Insistimos: resulta inverosímil en una mujer que viene de la militancia universitaria y que, además, tiene una capacidad para leer la realidad como pocos…¿Pudo incidir en su decisión el arcoiris que es el cristinismo local, sin una personería unificada y que muy a menudo termina conducido a control remoto desde distintas dependencias de la Casa Rosada?Como fuere, es un golpe para un kirchnerismo que había conseguido un 15 por ciento de los votos, una cifra interesante en un escenario de dispersión electoral como se vivió en Córdoba el año pasado. El impacto futuro no se puede medir todavía.Por respeto intelectual, muchos se acercaron a la boleta K de la mano de la exrectora. ¿Mantendrán fidelidad o se irán a buscar otros rumbos?Para grupos que se sienten "progresistas", Scotto fue la persona necesaria en el momento indicado y en el lugar preciso. Pero ya no está. ¿Deja miedo de ausencia?