Más hechos y menos palabras
El mejoramiento de la situación económico-financiera de Epec depende de una buena administración y gestión, pero también de las decisiones políticas concretas, a nivel provincial y nacional. Carlos Emanuel Cafure.
En reiteradas oportunidades, en diferentes medios de prensa, se difunden informes sobre la situación económica y funcional de la Empresa Provincial de Energía (Epec).
El 13 de abril pasado, publiqué en este diario un artículo titulado “Todo el mundo contra Epec”.
Como delegado del Sindicato de Luz y Fuerza, realizaba un análisis personal sobre el estado de la empresa y terminaba con la siguiente frase: “Las empresas del Estado deben ser redituables y eficientes. Lo importante es cómo se las administra”.
El pueblo cordobés viene padeciendo constantes cortes de energía, principalmente en épocas estivales.
Desde el Sindicato de Luz y Fuerza, se reclamó de modo permanente a los distintos directorios sobre la necesidad de que la empresa tomara medidas concretas en temas cruciales como la ejecución de obras e inversiones para la mejora integral del servicio eléctrico en beneficio del usuario, la necesidad de incorporar más personal, la compra de todos los materiales e insumos de trabajo, la eliminación progresiva y definitiva de los trabajos tercerizados, entre otras cuestiones básicas.
El reclamo del pueblo por obtener un mejor servicio fue siempre acompañado por el Sindicato de Luz y Fuerza con mucho énfasis y a través de distintas medidas.
Cambios positivos. Desde que las actuales autoridades asumieron en sus funciones, se evidencia una clara planificación relativa al modelo de Epec que se pretende desarrollar. Se apunta a recuperar el normal funcionamiento de la empresa eficiente que fue durante mucho tiempo.
Entre algunas medidas, podemos citar la ejecución de más obras (colocación de cables preensamblados y antifraudes, nuevas redes, alumbrado), la puesta en marcha de planes de contingencia, el reordenamiento del personal. Es decir, nos encontramos en medio de un proceso de reorganización general de la empresa, lo que considero muy positivo.
Las principales necesidades que requieren soluciones graduales, pero definitivas, son: ingreso de personal (debemos tener los agentes necesarios en relación con el crecimiento geométrico de la demanda energética, tanto en la ciudad como en la provincia de Córdoba), mayor provisión de rodados, abastecimiento de todos los materiales de trabajo en todos los sectores, eliminación de tercerizaciones y aprobación de muchas estructuras nuevas de planteles de las distintas divisiones de la empresa, con la finalidad de que todos los sectores tengan un plantel acorde con la actualidad laboral.
Decisiones políticas. El mejoramiento de la situación económico-financiera de Epec depende de una buena administración y gestión, pero también de las decisiones políticas concretas, tanto del Gobierno provincial como del nacional.
En relación con el Gobierno provincial, considero necesario que se brinde total apoyo al actual directorio, para que a través de este se ejecuten las obras necesarias para mejorar el servicio eléctrico cordobés y la situación económica de la empresa.
Para ello, es muy importante trabajar de modo coordinado en la implementación de políticas acordadas con el Sindicato de Luz y Fuerza.
En relación con el Gobierno nacional, es evidente que no hay una política ecuánime y seria para todas las generadoras de energía en el país, por lo que Epec padece la misma discriminación que la Provincia. Por cuestiones políticas, la Nación no paga valores acordes (en materia de generación de energía) con la realidad económica del país. También recibimos un tratamiento injusto en temas tan sensibles como los subsidios y aumentos de tarifas.
Juntos. Creo que ha llegado la hora de trabajar y discutir para lograr una seria y más equitativa planificación de las políticas energéticas, tanto en la Argentina como en Córdoba.
Es importante que algunos gobernantes dejen de lado, de una vez por todas, la soberbia, la arrogancia y la creencia de que el pueblo es propiedad de la clase política.
En un país donde muchos dirigentes de distintos signos políticos hablan sobre la importancia del diálogo, la profundización de la democracia y de los derechos humanos, y la redistribución de la riqueza, entre otras lindas frases; el pueblo necesita más hechos y menos palabras.

