Malas costumbres
Las nuevas “costumbres” electorales que vivimos han entrado, de manera lisa y llana, en el terreno de la banalización del voto. Román Ballesteros.
Las nuevas "costumbres" electorales que vivimos han entrado, de manera lisa y llana, en el terreno de la banalización del voto, en la trampa a la voluntad popular y, peor aun, en la manipulación del ejercicio de votar libremente en democracia. ¿Quién no advierte que levantar la mano de un efímero vencedor en las urnas es un gesto cínico y torpe del candidato de más arriba, ya envalentonado por una diferencia de votos poco significativa? Lo más probable que esto sea un afán exitista mediocre e inservible. Esto no es democracia; es estupidez. Una trampa letal es ver a los candidatos queriendo juntarse como en la verdulería (como en cajones de verduras diversas) para arrancar un puñado de votos más que otros cajones apilados en la verdulería de la otra esquina. Otra costumbre visible (hasta el cansancio) es que muchos candidatos se anotan para estos "festivales" electorales y luego especulan, a su modo, para ver si ganan. Nadie ha hecho una propuesta honesta al pueblo. Nadie quiere perder. La verdad duele, mete miedo. Mejor es no comprometerse. Esto es grave porque defrauda a mucha gente, que al final descree en el sistema democrático. El pueblo necesita conocer qué propone un candidato para sumar en el trabajo, en el mejoramiento de las condiciones ambientales, que proponga obras vitales para la gente y necesarias para la comunidad, que defina el mejor progreso social y la educación formadora de los jóvenes, que se comprometa con el futuro para todos.Que haya candidatos sinceros, que no entretengan a la gente como en el circo. Esto ya es viejo, pero no por eso, toda esta mentira colectiva debe convertirse en una mala costumbre. Hay más de 20 millones de argentinos que no quieren vivir con esta mala costumbre. También hay más de 10 millones de argentinos que, desengañados por las falsas opciones, un día marcharán y con bronca a pedir la cabeza de los políticos tramposos. Ojalá que esto no sea otra mala costumbre.

