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Los votos y el estómago

El combate a la inflación supone una cuota de recesión, que será mayor cuanto más grandes sean los desfasajes fiscales. 

26 de enero de 2019 a las 12:21 a. m.
Daniel V. González*
Los votos y el estómago
Macri. El Presidente descartó hacer el gran ajuste.

Cuando se argumenta que “la gente vota con el estómago” se alude a que el factor económico resulta el criterio excluyente al momento de elegir a un presidente. Si esto fuera efectivamente así, Mauricio Macri contaría con remotas chances para ser reelegido ya que la economía no es un área en la que pueda exhibir logros rutilantes desde que inició su gobierno. Al contrario: hasta ahora, en todos los temas importantes los resultados obtenidos han sido magros si no decididamente malos.

¿Cómo se explica, entonces, que Macri mantenga, según algunos prematuros sondeos, una cantidad de votos que hacen que su reelección cuente con reales posibilidades al día de hoy?

Madre de los problemas

Circula por las redes sociales un video en el que Macri, en plena campaña electoral de 2015, asegura, con suficiencia, que “bajar la inflación es lo más fácil”. Pues bien: no resultó ser así. Semejante liviandad sólo pudo haberse pronunciado por un exceso de optimismo o una subestimación completa de las lecciones de la historia económica argentina de los últimos 70 años.

Argentina viene luchando contra la inflación desde mediados del siglo pasado, años del peronismo “de Perón y Evita”. La década de la convertibilidad ha sido el período más prolongado de éxito contra ese flagelo. Hace 40 o 50 años debatíamos acerca de las causas de la inflación. Ya casi no se discute: es el exceso de déficit fiscal y de gasto público. El Estado no puede estar en forma permanente gastando por encima de lo que recauda. Esto es así y de ninguna otra manera. Quien no lo entienda, que mire hacia Venezuela.

Pero claro, bajar el déficit fiscal no resulta sencillo. Sobre todo cuando la presión tributaria está en su máximo histórico. Pero si queremos alcanzar la estabilidad en algún momento, es preciso bajar el gasto público. Y esto es doloroso y ciertamente complicado. Si se reducen los subsidios, suben las tarifas y se extiende el malestar entre los votantes. Igual ocurre si se retrasan las jubilaciones y los sueldos públicos. Si se elige congelar el dólar, termina por estallar y añadir nafta a la hoguera. Sobrevienen luego nuevos aumentos de precios, nuevos reclamos salariales, nuevos incrementos de tarifas... y así el ciclo vuelve a recomenzar. Pero con inflación alta, la economía toda se resiente y la pobreza se consolida.

Gradualismo y ajuste

Macri descartó hacer el gran ajuste en sus primeros días de gobierno. Pensó que desencadenaría una protesta social que no podría controlar. Hoy es difícil saber si tenía razón. Se decidió por el endeudamiento. Este camino, pensó, permitiría dosificar el ajuste y tener un menor costo social. La situación internacional cambió, las tasas subieron y esa estrategia debió abandonarse. Se acabó cualquier posibilidad de gradualismo. Ahora sí, el ajuste debía hacerse en serio y debía ser severo y urgente.

El combate a la inflación siempre supone una cuota de recesión, que será mayor cuanto más grandes sean los desfasajes fiscales. Y es la situación que estamos viviendo: caída en los ingresos, baja en el nivel de actividad, altísima presión tributaria, fulminantes tasas de interés. Parar la inflación está lejos de ser fácil. Parece que finalmente Macri lo entendió.

El Presidente seguramente sabe que el ajuste no favorece sus chances electorales. Pero ¿hay otro camino para parar la inflación? Sólo en los papeles y desde el confortable sillón del opositor. ¿Es necesario combatirla o se puede maniobrar (“cintura política”) para no castigar tanto el nivel de actividad? La experiencia indica que la inflación alta, más tarde o más temprano, pasa su factura y deriva hacia situaciones como las de Venezuela.

No sólo de pan...

De tal modo, con un duro ajuste en marcha, la situación de Macri es extremadamente frágil para un año electoral. No detuvo la inflación, no bajó sensiblemente el nivel de pobreza, hay recesión, el nivel de ingresos ha caído, la desocupación crece. ¿Quién podría votar al Gobierno con semejante panorama? Así, su reelección parece una quimera inalcanzable.

Sin embargo, hoy su chance de reelección en modo alguno puede ser descartada. ¿Cómo se explica esto?

Quizá porque amplias franjas de la sociedad, cuya situación económica es incluso peor que hace un lustro, piensen que pese a todo, Macri va por el camino correcto y que no habrá estabilidad sin esfuerzo. Quizá no sean pocos los que piensen que, si bien la economía no está mejorando, es importante apoyar a un gobierno que combate la corrupción y el narcotráfico, fortalece las instituciones e insertó al país en el mundo occidental, lejos de Venezuela, Irán y Cuba.

O simplemente, es probable que una porción estimable de argentinos piense que nada puede ser peor que el regreso al poder del peronismo, en cualquiera de sus variantes.

*Analista político