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Los únicos y los otros

El hecho de que no todos los profesionales intervengan en los actos no significa que estén conformes con su situación laboral. Carlos Roffé.

01 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Carlos Roffé*
Los únicos y los otros

Hace pocos días, el ministro de Salud de la Provincia, Carlos Simon, nos decía, en la Comisión de Salud de la Legislatura de Córdoba, que era optimista y creía que en los próximos días se solucionaría el conflicto hospitalario. Las aseveraciones que conforman el discurso optimista del ministro encierran una estrategia que claramente apuntaría a sostener un diálogo entre dos, Gobierno-Sindicato de Empleados Públicos (SEP) –Los "únicos"–, dejando afuera ex profeso de la mesa de negociación a los "otros" protagonistas, que el mensaje oficial subestima con la intención de minimizar el costo político.El optimismo oficial se sustentaría en un "arreglo" con el SEP, allí se agotaría y se daría solución al conflicto, sin invitar a la negociación de los otros sectores, llámense Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), Médicos Unidos, Enfermeras Unidas y la Unión de Trabajadores de la Salud.Éste sería el escenario actual de diálogo con los "únicos". No se puede negar que la agrupación dirigida por el legislador José Pihen cuenta con reconocimiento legal como entidad gremial, lo que no implica marginar a los "otros" que conforman los nuevos movimientos de representación sindical.De hecho, hubo un principio de diálogo con los "otros". Fueron el gobernador José Manuel de la Sota –apenas asumido– y su ministro Oscar González quienes dieron entidad a estos agrupamientos llamándolos a la negociación, incluyéndolos en una conciliación obligatoria ante el Ministerio de Trabajo.No hay dudas de que el cuadro de situación cambió: el Gobierno apuesta al desgaste de las nuevas organizaciones, pretendiendo que el interlocutor sea uno solo, el de siempre: los "únicos". El discurso oficialista alardea con la intención de quitar entidad a los "otros"; por eso se escuchan afirmaciones como "son pocos y los actos no son importantes", "no tienen mucha repercusión", "los hospitales siguen funcionando", "no son todos los médicos ni todas las enfermeras".Sostenemos que el Gobierno se equivoca, no se puede hacer desaparecer una protesta gremial sólo ignorándola. Podrá minimizarla, desgastarla, hasta lograr que se agote, pero aunque sea en ciernes continuará, si no se solucionan los problemas de fondo.Reitera la equivocación en el análisis, porque el hecho de que no todos los profesionales intervengan en los actos no significa que estén conformes con su situación laboral. El mar de fondo existe y está bastante turbio; sólo basta recorrer los hospitales y hablar con la gente que allí trabaja.¿Alguien ha mensurado el daño real que le ha provocado a la población requirente de servicios de salud este conflicto? ¿Alguien ha revisado las estadísticas de la cantidad de operaciones que no se hicieron, las que vienen retrasadas, las enfermedades malignas que no se diagnosticaron o se lo hizo fuera de tiempo? ¿Cuántos son los pacientes que volvieron a sus casas, con sus problemas a cuestas?Seguro, nadie revisó los números. De haberlo hecho, importantes miembros del gobierno delasotista, que también lo eran en el anterior, deberían asumir que son los responsables de semejante daño al sector más débil de la sociedad. Que, además, no tiene fortaleza para la queja. Los enfermos quieren curarse; no están pensando en protestas.No hay modo de prestar un servicio de salud con el personal complicado en asuntos ajenos a su función. De la Sota debe dejar de lado las cuestiones políticas y llamar a todos los sectores para emprender una solución definitiva. No hay "únicos" y "otros": son "todos" reunidos en la mesa de negociación.

*Legislador provincial (Frente Cívico), vicepresidente de la Comisión de Salud Humana