Los segundos pueden ser los primeros
En una república verdadera, lo que menos interesa es el ganador de una elección, ya que los segundos y terceros pueden en conjunto conformar una verdadera mayoría. Julio César Moreno.
En una república verdadera, lo que menos interesa es el ganador de una elección, ya que los segundos y terceros pueden en conjunto conformar una verdadera mayoría, como ha ocurrido recientemente en Alemania y puede ocurrir en cualquier país del mundo, incluida la Argentina. Hay países en los que los segundos en los comicios son los grandes vencedores, y aliados con los terceros en número de votos pueden formar una coalición de gobierno. Es lo que sucedió en Alemania en el estado federal (provincia, en la Argentina) de Baden Württemberg, el tercero del país en población –10 millones de habitantes– y por el peso de su economía. En ese estado, uno de los más prósperos y conservadores del país, los demócrata-cristianos (CDU) venían gobernando desde 1953, pero el domingo pasado se dio vuelta la tortilla, ya que si bien la CDU mantuvo su condición de partido más votado (38 por ciento), con sus aliados liberales (cinco por ciento) sumaron el 43 por ciento. Pero la gran sorpresa la dieron los verdes, con el 25 por ciento de los votos, que con sus aliados socialdemócratas (23 por ciento) suman el 48 por ciento y juntos pueden formar un nuevo gobierno estadual. O sea que, en esta hipótesis, mandarían los que llegaron segundos y terceros. Así funciona el sistema parlamentario, que no necesita de mayorías absolutas ni tampoco de una primera minoría o partido más votado, para encabezar un gobierno. Nuevas ideas. Pero no se trata sólo de un problema de números y porcentuales, sino también de nuevas ideas y de cambios generacionales. Los "verdes" alemanes están recibiendo su mayor apoyo de los jóvenes menores de 25 años, de los que votaron por primera vez, quienes reaccionan contra la crisis financiera y económica provocada por el nuevo capitalismo y también, obviamente, por el riesgo de catástrofes nucleares y ambientales. La radiación nuclear japonesa no se circunscribe al Pacífico, ya que no se trata sólo de terremotos, maremotos y tsunamis, que son fenómenos naturales, sino también de inventos humanos, como la energía atómica. Los japoneses lo saben muy bien, porque en su memoria histórica están grabadas las escenas de Hiroshima y Nagasaki. El brutal ataque japonés a Pearl Harbour, impulsado por la alianza nazi-fascista-japonesa, fue un ejemplo emblemático de la culpa que aún arrastra el pueblo nipón.Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes también están tratando de lavar sus culpas, aunque el pasado resurge de un lado a otro. Alemania y Japón son democracias ejemplares desde hace décadas, pero la historia se cuela por miles de agujeros y, además, hay otra historia, una nueva historia, en la que nuevas generaciones se hacen cargo no sólo del pasado sino también, y fundamentalmente, del futuro incierto e impredecible. Los grünen (verdes) han obtenido una gran victoria electoral en el tercer estado más importante de Alemania, aunque hayan obtenido el segundo puesto. Y ésta es una gran lección política: los segundos a veces son los primeros, y los terceros, cuando van con los segundos, pueden constituirse en conjunto en una mayoría, que es uno de los pilares de la democracia. No el único, porque el precepto de la mayoría debe conjugarse con los valores republicanos (división de poderes, derechos individuales, libertad de prensa y expresión). En otras palabras: ser segundos y terceros puede ser más importante si constituye un dique de contención a una presunta mayoría presidencialista, reeleccionista y que se pretende dueña y señora del poder.

