Temas del día:

Los nuevos desafíos de la Carta Democrática Interamericana

Al analizar estos 10 años, hubo acuerdo respecto de la necesidad de mejorar su vigencia real, aumentar su eficacia y fortalecer su aplicación. Daniel Zovatto.

11 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Daniel Zovatto (Director regional para América Latina y el Caribe de International Idea)
Los nuevos desafíos de la Carta Democrática Interamericana

Hoy se conmemora el décimo aniversario de la Carta Democrática Interamericana (CDI), aprobada por unanimidad en Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001, durante la asamblea general extraordinaria de la Organización de Estados Americanos (OEA), el mismo día en que los Estados Unidos sufría el criminal ataque terrorista perpetrado por Al Qaeda. El propósito principal de la Carta es fortalecer y preservar las instituciones democráticas de la región, acogiendo una definición amplia e integral de la democracia, que trasciende el concepto de democracia electoral. En palabras del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, la Carta no sólo constituye un derrotero político aceptado por consenso, sino también un compromiso de acción conjunta en defensa y promoción de la democracia. Con el objetivo de evaluar su eficacia durante el último decenio, así como posibles reformas y ajustes dirigidos a su perfeccionamiento y fortalecimiento, se llevó a cabo una reunión en Valparaíso, el sábado y domingo de la semana anterior, convocada por la OEA y el gobierno de Chile, a la cual tuve el honor de asistir en calidad de invitado especial junto al secretario general de Idea. Se contó con la participación del presidente Sebastián Piñera, 15 cancilleres de los países miembro, el secretario general de la OEA y personalidades del hemisferio. El estado de la democracia. Durante los debates hubo consenso en que la democracia atraviesa en nuestros días su mejor momento y que hoy no existe alternativa a la misma. La institucionalidad democrática se ha visto fortalecida en estos 10 años. En la actualidad, todos los gobiernos de la región han llegado al poder como resultado de procesos electorales libres y transparentes, sin cuestionamientos de los resultados. Sin embargo, los participantes coincidieron, asimismo, en que existen amenazas al régimen democrático, tales como los cambios en las reglas del juego democrático, los ataques a la independencia del Poder Judicial, los atentados contra la libertad de expresión y prensa, la desafección política y el populismo, que demandan la necesidad de ajustar la Carta de cara a esta nueva realidad hemisférica.Existió amplio acuerdo en que el desafío de nuestros días pasa por construir democracias de mejor calidad, con ciudadanías activas e instituciones legítimas y representativas. En el diálogo, los participantes hicieron referencia a la forma en que pueden enfrentarse los retos de la inclusión social en el contexto de la democracia y a los avances logrados en términos de representatividad y fortalecimiento de la gobernabilidad democrática. Fortalecimiento. Los cancilleres y jefes de delegación coincidieron en que la Carta Democrática no necesita ser modificada, sino reforzada y mejorada en su aplicación. El canciller argentino, Héctor Timerman, fue enfático al señalar: "Cuando se habla de una reforma de la Carta, no es la Carta lo que necesitamos modificar, es la actitud y la necesidad de que los Estados cumplamos con ella. Concentrémonos en fortalecer las instituciones para que la Carta sea cumplida". Desechada la opción de reformar la Carta, el debate giró en torno a cómo lograr su aplicación en forma inteligente, creativa y eficaz. Los asistentes convinieron en que el caso del golpe de Estado en Honduras en 2009 evidenció la necesidad de dotar a la Carta, y también a la OEA, de mayores atribuciones en la prevención de rupturas o alteraciones graves de los sistemas democráticos. Hubo acuerdo también respecto a la necesidad de mejorar su vigencia real, aumentar su eficacia y fortalecer su aplicación.Dentro de las diversas medidas sugeridas, tendientes a su fortalecimiento y perfeccionamiento, Insulza propuso que la OEA tenga mayor poder para fiscalizar la democracia en la región e hizo mención a tres medidas principales: 1) Definir de manera más precisa cuáles son las situaciones que representan una ruptura o alteración del orden democrático. 2) Aumentar las capacidades preventivas y de alerta temprana de la OEA. 3) Poner en marcha un sistema de seguimiento y revisión entre pares ( peer review ) de los preceptos de la Carta. Canadá sugirió crear la figura de "relator especial sobre democracia", quien apoyaría al secretario general y asistiría a los países miembro en el cumplimiento de la Carta. México, por su parte, planteó la realización de un "ejercicio de análisis de seguimiento", el cual puede incluir visitas de comisiones a los miembros de la OEA. Reflexión final: si bien en los últimos años la CDI ha sido un instrumento clave para resolver de manera exitosa crisis internas en al menos seis oportunidades, también es cierto que la actual coyuntura política de la región impone la necesidad de avanzar un proceso de actualización, perfeccionamiento y fortalecimiento de la Carta dirigido a garantizar su aplicación oportuna y efectiva. Particular atención debe ponerse al hecho de que, tal como lo prescribe el artículo 3 de la Carta, en la actualidad ya no basta con ser elegido democráticamente, es igualmente necesario gobernar democráticamente. Como bien señaló William Burns, subsecretario de Estado de los Estados Unidos: "Incluso los gobiernos elegidos democráticamente pueden amenazar la democracia si no respetan sus salvaguardas, sus instituciones, sus normas y sus valores".