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Los inmigrantes en América latina

Gracias a su esfuerzo, los inmigrantes musulmanes consiguieron adaptarse poco a poco a las costumbres y al modo de vida de los países de adopción.

01 de octubre de 2013 a las 06:35 a. m.
Ali Alejandro Badrán*
Los inmigrantes en América latina

La historia de la humanidad ha registrado, desde los tiempos más remotos, movimientos migratorios de otros pueblos, a veces masivos, de determinados sectores de la sociedad que, en general por razones económicas, dejaron sus países de origen para dirigirse a otras tierras en busca de mejores condiciones de vida.

También suelen ser grupos que, huyendo de persecuciones étnicas, raciales, políticas o religiosas, se vieron obligados a abandonar los países donde nacieron, para establecerse en otros países donde les brindaran la tan ansiada libertad.

Cuando Cristóbal Colón llegó al continente que después se llamaría América, allá por 1492, varios de los marinos que lo acompañaban profesaban la religión islámica, pero no se mostraban como musulmanes para evitar la persecución de la Inquisición, después de haber estado conviviendo casi 800 años en España.

La afluencia masiva de inmigrantes en los países latinoamericanos comienza desde la época de la independencia, pero se acentúa a mediados del siglo XIX. Si a las antiguas colonias españolas y portuguesas llegaban inmigrantes de esas metrópolis, después comenzaron a ser pobladas por oriundos de casi todos los países europeos.

También en gran número arribaron árabes, tanto los que profesaban la religión cristiana como la musulmana, provenientes del antiguo Imperio Turco Otomano, en especial de Siria, Líbano y Palestina.

Estos inmigrantes aportaron una nueva cultura a los pueblos que los recibían, que hasta entonces estaban compuestos por aborígenes, por descendientes de pueblos europeos, por mestizos y otros.

Este aporte revitalizó, enriqueció y contribuyó así a la formación de las modernas naciones americanas, pluriétnicas y pluriculturales. Pese a su menor importancia numérica, los árabes musulmanes contribuyeron poderosamente con su trabajo, laboriosidad y espíritu de iniciativa al desarrollo de los países que los recibían.

La integración de los inmigrantes de origen islámico fue más difícil que la de otros grupos migratorios, como por ejemplo los europeos, cuya cultura latina y cristiana facilitaba la integración.

A las diferencias idiomáticas, se deben agregar las diferencias religiosas, pero hay una virtud de casi todos los países latinoamericanos receptores y es que nunca hubo discriminación por cuestiones religiosas.

Gracias a su esfuerzo y perseverancia, los inmigrantes musulmanes consiguieron adaptarse poco a poco a las costumbres y al modo de vida de los países de adopción, sin perder por ello los rasgos específicos de su cultura de origen.

Así hoy vemos cómo descendientes de árabes musulmanes participan en todos los ámbitos de la vida nacional de los distintos países donde se establecieron sus antepasados.

Pese a las dificultades y algunas experiencias dolorosas, la integración de todos los inmigrantes de origen musulmán y sus descendientes puede considerarse bien lograda en toda Latinoamérica.

Lo que sí observamos con inquietud es el peligroso ascenso de la intolerancia y xenofobia en algunos países industrializados de Europa, donde reside un elevado número de extranjeros, entre los cuales muchos profesan la religión islámica.

Como musulmanes argentinos, nos sentimos orgullosos de nuestros orígenes, de nuestra historia y cultura ancestral, con la peculiaridad de ser amantes de la paz, conocedores de nuestros derechos y obligaciones. Uassalamu Alaicum (la paz sea con todos).

* Imán, integrante del Comipaz.