Los idus de marzo en América latina
La lucha contra la desigualdad encabezada por Bachelet es una excelente noticia. Si logra su objetivo, Chile marcará de nuevo el rumbo en la región.
El asesinato de Julio César durante los idus de marzo (15 de marzo del año 44 antes de Cristo) convirtió la fecha en referencia obligada. Este año, en los ámbitos internacional y regional, tuvo plena vigencia la advertencia de Shakespeare: "Ten cuidado de los idus de marzo". Sin embargo, la espectacularidad de varias noticias a nivel global, entre ellas una nueva reconfiguración de las fronteras en Europa (crisis de Ucrania y la anexión rusa de Crimea), la suspensión de Rusia del G-8, y el misterioso y trágico accidente del vuelo 370 de Malaysia Airlines, lograron ocultar importantes crisis y acontecimientos en América Latina, y que aquí analizaremos. Guerra a la desigualdad. En Chile, el pasado 11 de marzo, Michelle Bachelet regresó a La Moneda encabezando una amplia y heterogénea coalición (Nueva Mayoría). Su objetivo estratégico consiste en reducir la desigualdad mediante un programa basado en tres grandes metas: educación de calidad y gratuita en todos los niveles; reforma fiscal (para contar con los recursos que requiere la educación), y una reforma constitucional, dirigida a oxigenar y modernizar el sistema político. Sus enemigos son las elevadas expectativas que despertó durante su campaña, la brevedad de su mandato, las divisiones en el interior de su coalición y una economía que muestra signos de desaceleración. Consciente de las urgencias, Bachelet anunció la puesta en marcha de 50 medidas para los primeros 100 días. Sorpresas en las segundas vueltas: El Salvador y Costa Rica. La segunda vuelta salvadoreña, del 9 de marzo, fue infartante. Lo que anunciaban las encuestas como un cómodo triunfo para el oficialista Salvador Sánchez Cerén (FMLN), se convirtió en la elección con los resultados más cerrados de la historia latinoamericana reciente. El repunte del candidato opositor Norman Quijano (Arena) provocó que la diferencia entre el 1º y 2º lugar quedara reducida a sólo 6.634 votos (0,22 por ciento). La estrecha diferencia generó una crisis electoral. Quijano denunció fraude, invocó a las Fuerzas Armadas e interpuso varios recursos, que fueron declarados inadmisibles tanto por la Corte Suprema de Justicia como por el Tribunal Superior Electoral, el cual proclamó ganador a Sánchez Cerén. El pasado 27 de marzo, Arena aceptó la derrota y se comprometió a ser una oposición seria y garante de la democracia.Estas elecciones dejan tras de sí a un país muy polarizado. Los enormes desafíos económicos y sociales exigen consenso político. Las dirigencias están condenadas a dialogar y acordar una agenda nacional que permita al país superar gradualmente la grave situación que atraviesa.En Costa Rica, el candidato oficialista Johnny Araya sorprendió al país con su decisión de retirarse de la campaña electoral de cara a la segunda vuelta. Esta inédita situación, sumió al Partido Liberación Nacional (PLN) en la peor crisis desde su fundación, a la vez que generó una justificada preocupación ante un potencial incremento del abstencionismo que podría afectar la legitimidad de origen del futuro gobierno.Lo inédito de la decisión (renuncia sin efecto legal pero con amplia repercusión política) y la particularidad de la regulación sobre la segunda vuelta (la Constitución prohíbe renunciar o abstenerse a los candidatos que pasan a la segunda vuelta), obliga a Luis Guillermo Solís (candidato del opositor) a competir con un "candidato fantasma" (si bien el directorio del PLN sigue en campaña), el cual pese a su inactividad proselitista podría (escenario improbable mas no imposible) resultar elegido presidente. El regreso de Uribe. En Colombia, el 9 de marzo se celebraron las elecciones legislativas, que son de gran importancia de camino a las presidenciales del próximo 25 de mayo, en las que el presidente Juan Manuel Santos busca su reelección. Si bien los resultados en ambas Cámaras favorecieron al presidente Santos (aunque con un poder parlamentario disminuido), la noticia de estas elecciones fue el regreso de Uribe a la vida política, ahora como senador, quien, como líder del nuevo partido Centro Democrático, quedó en segundo lugar por mínima diferencia.Uribe se opone a los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc, en La Habana, y sin duda desde el Senado tratará de minarlos. Su magnitud parlamentaria no alcanza para bloquear al gobierno pero sí para construir una fuerte oposición. Lo que queda menos claro es hasta qué punto, en las elecciones presidenciales, logrará Uribe transferir sus votos a su delfín, Óscar Iván Zuluaga. Tragedia venezolana. La espiral de violencia en Venezuela durante el último mes y medio se ha cobrado ya 35 muertos, así como centenares de heridos y detenidos, entre ellos uno de lo líderes de la oposición, Leopoldo López, así como la reciente destitución de la diputada opositora María Corina Machado. La fragmentación ideológica de la región ha vuelto inútil tanto a la OEA como a su Carta Democrática Interamericana. En lo interno, el régimen de Nicolás Maduro se apoya cada vez más en las Fuerzas Armadas para hacer frente al creciente descontento ciudadano y, en lo externo, busca la mediación de la Unasur, que la semana pasada envió a Caracas una misión de cancilleres con el objetivo de "acompañar, apoyar y asesorar" el proceso de dialogo lanzado por el gobierno. Maduro la recibió con denuncias sobre un supuesto intento de golpe de Estado y tres generales de la aviación arrestados bajo la alegación de que planeaban derrocarlo. Mi opinión: los idus de marzo pusieron en evidencia el caleidoscopio que caracteriza el escenario político regional, con sus luces y sus sombras. La lucha contra la desigualdad encabezada por Bachelet es una excelente noticia. Si logra su objetivo, Chile (ejemplo en materia de reducción de la pobreza) marcará de nuevo el rumbo en la región, esta vez acerca de cómo construir una sociedad más justa y cómo acoplar el crecimiento económico y el Estado de derecho a un Estado de bienestar. En el otro extremo, Venezuela sigue atrapada en su laberinto. La gravedad de la crisis, el creciente malestar social (exacerbado por la inflación, el desabastecimiento, la criminalidad y la reciente devaluación del bolívar del 88 por ciento) y el alto nivel de represión y de polarización evidencian la necesidad de encontrar un mediador imparcial –como bien podría ser el Vaticano tal como se insinuó el jueves último– que ayude a poner en marcha un diálogo honesto e inclusivo, capaz de adoptar una agenda aceptable para ambas partes, y que permita al país hallar una salida consensuada y democrática.Todas las miradas están puestas ahora en la Unasur, la cual como resultado de su reciente visita formuló una serie de recomendaciones para ambas partes (entre ellas deponer todas las acciones violentas) y creó un grupo de trabajo formado por tres cancilleres encargado de impulsar el diálogo entre gobierno y oposición. Me pregunto: ¿estará la Unasur a la altura de este desafío? Pronto lo sabremos.
*Director regional de Idea internacional para América Latina y el Caribe

