Los escenarios posibles
Ya le están pidiendo a Cristina que asuma la jefatura del PJ. Las tensiones internas que se visualizan hoy en el propio kirchnerismo requieren decisiones firmes y se espera que la Presidenta las tome con autoridad. Carlos Sacchetto.
El jueves por la noche, luego de asistir al velatorio de Néstor Kirchner y de presenciar escenas conmovedoras protagonizadas por miles y miles de personas, Felipe Solá dijo, impresionado: "Ahí estaba el pueblo". Lo que pareció ser el descubrimiento tardío de algo cargado de obviedad que todos los argentinos pudimos comprobar en la televisión fue, en realidad, un dato político. El precandidato presidencial del peronismo disidente admitió que él, como otros dirigentes, deberán replantearse: "Qué nos diferencia, si nos diferencia algo, del kirchnerismo". Y aunque sostuvo que no podría afirmar que se producirá, abrió las puertas a la posibilidad de una reunificación peronista. Para quienes vaticinan que tras la muerte del ex presidente habrá grandes cambios en el escenario político, ¿no sería eso algo totalmente decisivo en el rumbo por tomar? En ese caso, importa apuntar algunas condiciones básicas y necesarias que deberían darse, más allá de las expresiones de deseos o el simple voluntarismo que por lo general gana a los políticos. En el kirchnerismo, parecen tener en claro lo innegociable: la primera condición sería que quienes se sumen, lo hagan para aportar a "la profundización del modelo que conduce Cristina Kirchner", con todo lo que eso implica. ¿Bajo qué paraguas aceptarían los disidentes algo así? Lo definió con claridad hace unas horas alguien que no está en ninguno de los dos sectores, pero sí en las proximidades de los dos. El ex jefe de Gabinete Alberto Fernández habló de la necesidad de que el kirchnerismo deje de lado la intolerancia y esa irritante e innecesaria confrontación permanente que no para de generar enemigos donde podría no haberlos. Todos coinciden en que ambos sectores tendrían mucho para conversar y discutir, pero nadie ignora que, si las distancias se acortan y hay una suma de intenciones, el peronismo se aseguraría por varios años la continuidad en el poder. Rol y actitud. Hasta aquí la descripción de uno de los escenarios virtuales que aparecieron apresuradamente tras la muerte de Néstor Kirchner. Pero hay que considerar también algunas otras cuestiones. Y una de las más importantes es el rol y la actitud que tendrá desde ahora Cristina Fernández. Si bien especular sobre el futuro es algo así como desafiar a Dios, no hay integrante del sistema político ni simples ciudadanos que por estas horas no lo hagan. En la intimidad de su dolor, la Presidenta habrá recibido las enseñanzas que le dejó la tragedia. Vio desfilar ante sus ojos a decenas de miles de personas cruzadas por la tristeza y el llanto incontenible, que testimoniaron su acompañamiento militante. Pero también escuchó como una letanía el pedido, casi una orden: "No aflojar".Fue uno de esos momentos mágicos en que la representación política adquiere un valor inigualable. Un mandato emocional, afectivo, equiparable pero diferente al que surge de las urnas. Quienes conocen muy de cerca a Cristina Fernández descuentan que tomará ese mensaje como un compromiso, como una deuda de gratitud, y que no defraudará a su gente. Pero ése es sólo uno de los costados de la política. Hay otros que tienen que ver con la responsabilidad de un jefe de Estado y que exceden lo emocional y afectivo. Si cree que debe gobernar únicamente para ese sector que le demostró amor y lealtad, podría equivocarse.Hay otra Argentina que observó respetuosa e impactada lo que estaba sucediendo, pero no comparte muchas de las ideas, las políticas y los procedimientos de su gestión. El desafío es no caer en el sectarismo y gobernar para todos. La muerte de un líder –y Kirchner lo era– siempre tiene un fuerte impacto social. Moviliza y conmueve. Agiganta las virtudes, disimula los defectos y crea climas de conciliación. En estas horas de duelo, se han escuchado voces de casi todos los sectores en esa dirección. Que tanto el kirchnerismo como la oposición encuentren caminos de diálogo y convivencia, dependerá de las primeras señales que emita la Presidenta. Cristina ocupará ahora el centro absoluto de la escena, tironeada por los intereses de cada sector. Pero necesita que su Gobierno esté sostenido por una construcción política que hasta ahora fue tarea de su esposo. Ya le están pidiendo que asuma la jefatura del PJ. Las tensiones internas que se visualizan hoy en el propio kirchnerismo requieren decisiones firmes y se espera que Cristina lo haga con autoridad. Eso es justamente ejercer el poder. El país vuelve a tener una gran oportunidad. Aventurar que se la sabrá aprovechar, también es desafiar a Dios.

