Lo que no debió hacer Correa
De rebelión policial a golpe de Estado la distancia es mucha, pero en Ecuador ese trecho se recorrió en un instante. La tensión por la medida de fuerza de los policías creció hasta el punto en que se hizo inmanejable.Rafael Correa decidió presentarse personalmente en el Regimiento Quito, frente a los policías amotinados. No llevó más armadura que su autoridad presidencial y recibió el repudio en forma de gritos y gases lacrimógenos que lo afectaron.¿Pensaba el presidente ecuatoriano que su sola presencia iba a alcanzar para calmar los ánimos? ¿Nadie le aconsejó una jugada de mínima, antes de jugar la carta de máxima que es la presencia del presidente en un conflicto violento? Agotado este recurso, ¿qué queda?
El saldo es negativo por donde se lo mire, pero lo peor es que resulta funcional a los enemigos de la democracia, que después de esto quedan más que envalentonados. Un verdadero peligro, como apagar un incendio con nafta.
Su acción lo pinta de cuerpo entero, no sólo a él sino a otros de la región que sienten que tienen todas las respuestas, por encima de las instituciones que deben actuar en esos casos.
Ahora Correa habla de conspiración, dice que el hospital en el que está internado por el efecto de los gases está rodeado y se siente secuestrado. Ojalá no sea así. Ojalá no se convierta esto en otra Honduras.
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