Liberación vacilante, libertad diferida
En este cuadro de pobreza donde uno de cada cuatro argentinos agota esfuerzos para sobrevivir en medio de una inflación que aturde sus ingresos, el Gobierno nacional intenta salvar los próximos dos años de gestión sin ninguna medida que alivie tamaña angustia.
“Si a nosotros no nos interesan los hijos de los pobres, no esperemos que a sus hijos les interesen los nuestros el día de mañana”. El empresario lanzó la frase ante sus pares, y recogió cruces de miradas preocupadas. Más bien de miedo. Que ese miedo ante el escenario profetizado vaya más lejos que mirarse de reojo, es terreno especulativo.
En este cuadro de pobreza donde uno de cada cuatro argentinos agota esfuerzos para sobrevivir en medio de una inflación que aturde sus ingresos, el Gobierno nacional intenta salvar los próximos dos años de gestión sin ninguna medida que alivie tamaña angustia.
En la oposición, las cosas no son más auspiciosas para ese millón de argentinos desdichados: la inseguridad es el eje electoral; pero no la alimentaria sino la otra, la del fierro pendenciero.
Después de 30 años de democracia y una década de crecimiento sin tropiezos, quienes tenemos memoria de la masacre perpetrada por la dictadura celebramos su consolidación; pero para quien sigue sumido en necesidades primarias, tal lectura histórica es suntuaria.
Estos argentinos interpelan las bondades de un sistema adecuado para zanjar las disputas entre iguales; o sea, aquellos intérpretes de la política formal, sindicalizada, dentro de los bordes que separan del fuego, pero inconsistente para desviar el rumbo de inequidad social.
Disparidades
Pasó el momento donde la legitimidad electoral, portentosa y habilitante, convocaba a la administración de Cristina Fernández a romper la concentración económica –uno de las mejores estímulos de la inflación– o, al menos, a roturar la superficie de esas estructuras para otros hombres surgidos de filas populares en los tiempos venideros.
Los dueños del país siguen centralizando también buena parte de los postulados que se nos reservan en los centros de decisión global, allí donde los mismos intereses se estorban desde la caída del muro de Berlín.
“Si hemos de mantener la disparidad entre nuestra riqueza y la pobreza de los demás, hemos de dejar de lado las consignas idealistas y centrarnos en conceptos directos de poder (...) Los ideales de democracia y el mercado están muy bien, siempre y cuando la inclinación de la pista de juego garantice que ganen los que deben ganar”. George Kennan, autor de la teoría de la contención soviética, planteaba casi 70 años atrás, y sin asomo de escrúpulos, lo que el paso del tiempo confirmaría: la capacidad de dañar la libre determinación de los pueblos es pieza clave en la ingeniería del libre mercado.
Observemos lo que sucede en las comunidades originarias, al solo efecto de incorporarlas en la discusión por los derrotados. En tanto la pobreza infantil en todo el país es del 40 por ciento, en Chaco supera el 70 por ciento. Acude en beneficio de sus desdichas la voracidad por la tierra que pisan ancestralmente.
Al sur, es petróleo; al norte, soja, madera y agua. “El extractivismo es supranacional, vertical y hegemónico como modelo financiero, económico y productivo”, dice Rolando Núñez, líder del Centro de Estudios Sociales Nelson Mandela, de Resistencia. “No reconoce fronteras políticas ni físicas, para lo cual necesita de políticas y de gobiernos locales que calcen como guantes a medida, lo que inevitablemente provocó y generará nuevos formatos en las estructuras sociales nacionales. En ese escenario, no existe la democracia, ni debe existir. Allí son pocos los que deciden, también bastante pocos los que transmiten y muchos (casi todos) los que deben obedecer”, concluye categórico.
Según Hannah Arendt, “liberación” y “libertad” son términos en escala, no semejantes. Así, en la Revolución Francesa hubo liberación del pueblo con hambre; quedaría para la americana la libertad, que es una categoría política.
Nuestros pobres también lo son de ciudadanía: eligen representantes pero nunca serán elegidos, pues la necesidad los acecha de forma cotidiana. Incluirse en la competencia política es un ejercicio de hombres libres.
Aunque el oficialismo y sus adherentes se permitan diferir las críticas a su matriz productiva, es menester considerar la gravedad de entrar en una fase de la economía donde el crecimiento se contrae con un cuarto de la población argentina en situación de pobreza.
El ultraje de un ejército de niños, mujeres y hombres hundidos en la necesidad obliga en el presente a los hombres de la democracia. Muchos episodios violentos de la historia comenzaron con hechos menos preocupantes que esta herida social.
*Periodista.

