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Las victorias de Obama

El presidente de Estados Unidos obtuvo dos grandes triunfos: en marzo, la reforma sanitaria; en julio, la financiera. Juan F. Marguch.

24 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Juan F. Marguch (Periodista)
Las victorias de Obama

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha obtenido en lo que va del año dos grandes triunfos parlamentarios: en marzo, la reforma sanitaria; en julio, la reforma bancaria.

Ambas victorias fueron precedidas por intensas y agotadoras negociaciones, que se arrastraron durante más de un año y en las cuales el carismático mandatario se vio obligado a renunciar a buena parte de su pensamiento original, que apuntaba -nada más y nada menos- a producir cambios fundamentales en los dos ámbitos.

En el primer caso, la reforma sanitaria no abre totalmente el acceso de los marginados a los beneficios de la medicina gratuita. De hecho, unos 30 millones de sumergidos seguirán excluidos de los programas de salud pública.

De todos modos, supone un alentador avance la incorporación de 32 millones de ciudadanos y la prohibición para las medicinas prepagas de negarse a cubrir el tratamiento de personas cuyas historias clínicas presentan condiciones de salud afectadas por enfermedades preexistentes (que es lo que sucede, por caso, en la Argentina, cuyo sistema de cobertura de salud mantiene intacta la insensibilidad de su mezquindad salvaje).

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, sostuvo que, a pesar de sus múltiples límites y la insuficiencia de sus prestaciones, la reforma de Obama es un buen paso adelante.

Sin ir al fondo. La segunda reforma -bancaria y financiera-, votada por el Congreso este mes, es considerada por algunos sectores de la opinión pública estadounidense como la más audaz desde que en 1933 el presidente Franklin Delano Roosevelt provocó una verdadera revolución para enfrentar la grave crisis económica y social creada por el estallido, en 1929, de la burbuja bursátil de Wall Street.

También aquí Obama hubo de ceder en sus intenciones originales, no sólo por la fuerte resistencia de los republicanos, sino también porque las transgresiones y el aventurerismo de la banca y las finanzas alcanzaron tal magnitud que hubiese sido necesario otra revolución rooseveltiana . Pero el actual presidente carece del poder parlamentario y de la capacidad de persuasión de su ilustre predecesor en la Casa Blanca.

Según los expertos que saturan las páginas de The Wall Street Journal y The Financial Times , la nueva reforma no afronta el verdadero problema: los abusos y manejos, fronterizos con el delito - cuando no despeñados en el delito mismo- en que han incurrido bancos, financieras, compañías de seguros y calificadoras de riesgo durante la catastrófica "burbuja inmobiliaria", que cedió desde agosto de 2007.

Es verdad que la ley crea un consejo supervisor de 10 miembros que vigilará el sistema financiero y que el Departamento del Tesoro tendrá atribuciones para imponer regulaciones más estrictas para las firmas más grandes. ¿Será esto suficiente?

Tenemos un ejemplo bien a mano: en la República Argentina coexisten la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, la Sindicatura General de la Nación y la Oficina Anticorrupción, y juntas no consiguen contener la negra marea de corrupción que cubre el país.

En Estados Unidos, sobreabundan los organismos de fiscalización, encabezados por la célebre SEC (sigla de Securities and Exchange Commission , o Comisión de Valores de Wall Street), sobrepasada por la oleada de operaciones ilegales que desembocaron en el estallido de la burbuja de las hipotecas subprime (de baja categoría).

Es verdad que los nuevos reguladores podrán liquidar entidades bancarias y financieras cuyo crecimiento suponga una amenaza para la estabilidad del sistema. Pero no lo es menos que gigantes como JP Morgan Chase y Goldman Sachs no tuvieron incidencia tan directa en el desencadenamiento de la crisis, como la que sí tuvo una sección de relativa importancia de la aseguradora AIG, que operaba... en Londres.

Por otra parte, no hay seguridad alguna de que las gigantescas corporaciones cumplan lo que se mande. Como los viejos conquistadores españoles, que cometieron tantas perversidades en el Nuevo Mundo, "obedecen, pero no cumplen".

Es el caso de los famosos bonus que, a pesar de los ruegos, recomendaciones y amenazas de Obama, siguen recompensando a sus ejecutivos con decenas de millones de dólares, aunque estos tuvieron directa responsabilidad con las enormes pérdidas que causaron sus audaces e irracionales operaciones bursátiles.

Si algo ha demostrado la crisis inmobiliaria es que el capitalismo no es sólo vulnerable por el manejo irresponsable de los grandes bancos. A veces basta con un simple desliz de un operador de relativa importancia para detonar el pánico.

En definitiva, el comportamiento a veces imprevisible del sistema capitalista parece asemejarse al de una cadena, que nunca es más fuerte que su eslabón más débil. La crisis actual en la Eurozona de la Unión Europea no se inició en Alemania o en Francia, sino en Grecia.

Irak, Afganistán y Guantánamo. Quedan abiertos para Obama otros frentes de combate legislativo tanto o más complejos que los de la sanidad y la banca.

En primer término, sus promesas de retiro de las fuerzas armadas estadounidenses acantonadas en Irak, donde han provocado una sangría tan grande como el caos político y racial que encendieron, para no hablar de los cientos de miles de "daños colaterales" (eufemismo ideado por Donald Rumsfeld, el ex halcón de Defensa de George W. Bush, para no reconocer la existencia de víctimas en la población civil) y de la devastación causada por el saqueo de los museos que conservaban los testimonios más antiguos del desarrollo cultural de la humanidad.

Hasta con tanques se derribaron las puertas de los museos para facilitar el ingreso de las turbas depredadoras. Eran los tiempos de Bush, cuyo cociente intelectual se tornó secreto de Estado... por lo impresentable.

Y, luego, el retiro de Afganistán, donde los cambios de comandantes en jefe de ese teatro de operaciones y el envío de más soldados y más pertrechos parece guardar una estrecha relación con el avance de los talibanes, que dominan ahora gran parte del sur del país y están sitiando el enclave de Bala Murghab, custodiado por las fuerzas italianas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), cuya caída reabriría la tradicional ruta del opio, hoy reemplazada por caminos alternativos.

Desde luego, queda aún pendiente el cierre de la inhumana cárcel de Guantánamo, donde se han cometido las peores violaciones a los derechos humanos de los prisioneros, la mayoría de ellos detenidos sin acusación alguna. Peor aún, presionada por Bush y su halconería, la Corte Suprema de Justicia renunció a su honrosa tradición de defensa de los derechos civiles y cohonestó el sometimiento a tortura de musulmanes imputados de acciones de terrorismo nunca demostradas en forma convincente.