Las princesas, 75 años después
¿Qué habría sucedido si una Blancanieves de carne y hueso hubiese nacido en nuestros días y no en 1937? Probablemente, en lugar de fregar el piso, se hubiera esmerado en conseguir un empleo. Alejandra Martínez.
El 21 de diciembre, Blancanieves, la primera princesa que nos ofreció la imaginación de Walter Elias Disney, cumplió sus primeros 75 años. La bellísima joven, esclavizada por su envidiosa madrastra, mostraba a las audiencias infantiles de la época (y desde entonces) la fórmula para atrapar un buen marido y ser feliz para siempre.Muchos eventos sucedieron en el mundo desde aquel invierno de 1937 en el que el personaje salía a la luz. Poco tiempo después de lanzada la película al mercado, la Segunda Guerra Mundial sacaría a las mujeres estadounidenses y europeas de sus casas y las llevaría a trabajar como obreras y empleadas en fábricas y oficinas.Ellas ocuparían los lugares que los varones habían dejado vacíos para poder servir en la milicia. Roles cuestionados. Fue a partir de las demandas de igualdad que surgieron luego de la inclusión de las mujeres en la vida productiva, que resultó posible la llamada "segunda ola feminista": una revolución política y social que comenzó en Estados Unidos y Europa en la década de 1960 y puso en cuestión todos aquellos postulados que señalaban que el lugar de las mujeres era el hogar, y su rol, el de esposa y madre. Al igual que los varones, ellas demostraron que eran capaces de trabajar por un salario digno, mantener económicamente a su familia y planear algo más para sí mismas que tener una familia a la que dedicarse a tiempo completo.En los primeros años de la segunda posguerra, la cantidad de mujeres casadas trabajadoras en Estados Unidos sólo ascendía a un 14 por ciento. En la década de 1960, este porcentaje se había duplicado y en la de 1980, había subido a más del 50 por ciento.Asimismo, sólo el 15 por ciento de las mujeres accedía a la enseñanza superior en la década de 1950. La cifra trepó a casi el 40 por ciento en la década siguiente y superó el 50 por ciento en los años '80.El mundo real cambió y, progresivamente, las familias comenzaron a reorganizarse en función de los nuevos espacios que ahora ocupaban las mujeres. Avance enorme. ¿Qué habría sucedido si una Blancanieves de carne y hueso hubiese nacido en nuestros días y no en 1937? Probablemente, en lugar de fregar el piso de su madrastra, vestida con harapos, se hubiera esmerado en conseguir un empleo e independizarse.Quizá su deseo no hubiera sido ser rescatada por "un gentil galán" (tal como lo indica la heroína durante los primeros minutos de la película), sino poder ganar una beca para estudiar un posgrado. O, quizá, tener dinero para comprarse un auto o viajar por el mundo.El final de la película, en lugar de mostrarla en brazos del príncipe trasladándola (cual trofeo) hacia su castillo, quizá la revelaría intentando salvar el conflicto entre las obligaciones de su empleo de tiempo completo y las (aún vigentes) demandas domésticas. Es indudable que el avance de las mujeres ha sido enorme (aunque aún perfectible) en los terrenos social, económico, sexual, político y educativo. Esquemas. Ahora bien, las prácticas culturales, manifiestas fundamentalmente en los medios de comunicación, ¿han sido capaces de mostrar estos avances femeninos? ¿Qué opinaría nuestra Blancanieves de 75 años de las creaciones más recientes de la compañía Disney? ¿Habrá cambiado sustancialmente el paradigma de la princesa que necesita ser rescatada (de su vida terrible) por un príncipe? ¿Cuál es el modelo de felicidad eterna que consumen, a través de los medios de comunicación, las niñas y niños en pleno siglo 21?A mi parecer, detalles más, detalles menos, las princesas de Disney continúan representando un modelo femenino cuyo dominio es el mundo privado (doméstico) y dependiente y que se encuentran (aún) ceñidas a la necesidad de ser rescatadas por varones (padres, novios, héroes de todo tipo).La reproducción del modelo tradicional no se limita a las películas infantiles; la reproducción de modelos estereotípicos inunda los contenidos mediáticos orientados a todas las edades.Una popular publicidad de pañales nos muestra a un famoso actor asistiendo con su pequeño hijo a un cumpleaños infantil. "¡Al fin!", pensamos. Una imagen masculina diferente.El esfuerzo se valora, pero no alcanza: el corolario del aviso nos indica que hay pañales para "princesas" y pañales para "campeones" y que los primeros son de color rosa, y los segundos, de color celeste. Punto muerto y marcha atrás. A los medios de comunicación les cuesta romper sus esquemas.
*Investigadora asistente del Conicet en el Centro de Investigaciones de Estudio sobre Cultura y Sociedad

