Las obras para recuperar la Escuela Carbó
El “deterioro estructural” de la Escuela Carbó no es más que el espejismo de un Estado preocupado por hacer negocios inmobiliarios. Maria Eugenia Gordillo.
En torno del bello edificio de la Escuela Alejandro Carbó, las opiniones se dividen entre las que plantean aprovechar el alto valor del inmueble y las de la comunidad educativa –encabezada por sus alumnos–, que defienden su valor patrimonial y pedagógico. Éstas llevan la impronta de la excelencia académica que el "normalismo", fundado por Domingo Faustino Sarmiento, brinda a quienes pasan por sus aulas. En el medio, se ha instalado la creencia de que el edificio no es apto para funcionar como escuela y que está deteriorado estructuralmente. Pese a su antigüedad y escaso mantenimiento, el edificio continúa vigente para la función áulica y no presenta ningún signo de deterioro estructural. El desprendimiento, en 2008, del cielorraso de la cantina, elemento no estructural, se debió a una incorrecta intervención de una empresa que ejecutó una chimenea cortando y debilitando el sostén del cielorraso, según un informe del Ministerio de Obras Públicas de la Provincia. No se observan hundimientos de pisos, paredes agrietadas o fisuradas que indiquen asentamientos del suelo o debilidades de muros portantes. Los perfiles de hierro de los techos construidos con bóvedas catalanas no presentan flexiones ni disminuciones por oxidación. ¿Un gasto innecesario? Pese a esto, se están reforzando las losas, sin contar con ningún análisis o ensayo de laboratorio previo de dichos perfiles que demuestren, de manera fehaciente, la pérdida de su resistencia estructural. Gasto que, sin un fundamento, resulta innecesario. Esta creencia del deterioro estructural se apoya en los elevados montos que el Gobierno provincial anunció para obras, pero que no se concretaron en una solución definitiva. Ejemplo de ello es que desde 2008 y hasta hoy, se adjudicó en forma directa a la empresa Tetra SRL la realización de obras de reparación por 2.041.804 pesos. A mediados de 2010 se agregaron otros seis millones de pesos, sin mediar planos de proyectos con detalles, cálculos de estructuras, planos de instalaciones, cómputos y presupuestos detallados ni pliegos de especificaciones técnicas. En conclusión, resulta un total de ocho millones de pesos, con los que se podrían haber ejecutado aproximadamente 2.900 metros cuadrados cubiertos nuevos, a valor actual. Es una cuantiosa inversión que no redundará en una mejora sustancial del edificio, ya que las obras planteadas son parciales, no dan una respuesta integral y acertada a los problemas edilicios y no contemplan su preservación como monumento histórico.Esto preocupa hondamente a la comunidad educativa, por lo que se presentó una nota el 15 de noviembre último al Ministerio de Educación de la Provincia, en la que se solicita la documentación técnica de la obra, para que el arquitecto inspector asignado por esa cartera pueda controlarla de manera correcta.En conclusión, el "deterioro estructural" de la Escuela Carbó no es más que un espejismo, reflejo del deterioro que sufre el Estado provincial, preocupado más por hacer negocios inmobiliarios que por realizar un verdadero proyecto de refacción, adecuación y restauración de la escuela.Un proyecto en tal sentido debería asumir la planificación y el control de las obras, de modo de garantizar la transparencia en el manejo de fondos públicos y devolver tranquilidad a la comunidad educativa.
*Arquitecta; ex inspectora de Obras del Ministerio de Educación de la Provincia

